Un buen día para morir EL REGRESO DE JOHN MCCLANE, por jlamotta23

Un buen día para morir 1

De nuevo el policía John McClane (Bruce Willis) se encuentra en el lugar equivocado en el momento equivocado, al viajar a Moscú donde se encuentra su hijo Jack (Jai Courtney). Con los peores elementos de los bajos fondos rusos tras ellos y luchando contrarreloj para evitar una guerra, los dos McClane descubren que sus métodos opuestos para enfrentarse a las dificultades les pueden venir bien para aunar fuerzas para mantenerse vivos.

Bruce Willis es la única estrella de acción de los ochenta que sigue poseyendo ese cartel y caché, gracias a su carisma sin fin y a sus buenas decisiones comerciales a la hora de participar en comedias o películas independientes. Por contra, héroes como Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean Claude Van Damme, Steven Seagal, Chuck Norris, o Dolph Lundgren son considerados leyendas de su tiempo, pero eso, de su tiempo (a pesar de que Stallone ha metido algo de baza con sus últimos filmes no ha mantenido una carrera constante de éxitos). El gran secreto de Willis ha sido el caminar junto al tiempo, no en contra suya, y por eso a día de hoy sus estrenos mantienen una buena afluencia de público al mismo tiempo que las nuevas generaciones aceptan, e incluso celebran, que un alopécico cincuentón ocupe casi la totalidad del cartel de la película que han pagado por ver. Un alto porcentaje de los espectadores acuden a sus estrenos pos su sola presencia, por su magnetismo personal y porque saben que, estando él de protagonista, se van a divertir. Es por esto mismo por lo que el bueno de Willis jamás ha sido un secundario en una película de acción salvo en contadas ocasiones (no cuento cameos ni apariciones de cinco minutos), ha nacido para ser protagonista. ¿Y a qué viene esto? Pues básicamente porque no le encuentro ni pies ni cabeza a la estrategia comercial utilizada en esta nueva saga de Die Hard para meter con calzador al soso de Jai Courtney. Lo primero de todo…¿Cuántos hijos secretos tiene John McClane? Si en la anterior entrega descubríamos que tenía una hija (interpretada por Mary Elizabeth Winstead), aquí nos enteramos de golpe y porrazo que cuenta con otro (Jai Courtney) y basan la trama en una supuesta misión de rescate, que posteriormente deriva en algo totalmente diferente. Sagas como Bourne han intentado sobrevivir a la ausencia de su protagonista (Matt Damon) reemplazándolo por otro muy similar (Jeremy Renner) con un resultado desastroso ya que, si la psique del personaje es casi idéntica, ¿Dónde está la novedad? ¿Qué aporta la nueva incorporación más allá de una cara diferente? Es por ello que los responsables de  Die Hard, suponiendo que a Willis le queda más bien poco como héroe de acción, han optado por dar entrada a un posible sustituto que, como ya he dicho antes, es el propio hijo de John McClane. ¿Recordáis al infumable Shia LaBeouf de Indiana Jones? Pues Jai Courtney es igual pero hinchado hasta las cejas. Ambas elecciones se deben a la preocupación de los grandes estudios por no perder al público juvenil y, de paso, encontrar una nueva estrella que arrastre espectadores. Es decir, repetir la jugada de Bruce Willis y Harrison Ford. Pero, ¿Qué aporta Courtney a una saga tan definida y tan centrada en su personaje protagonista como  Die Hard?

La respuesta es simple, a la vez que insatisfactoria. Su existencia condiciona no ya solo la historia sino el mismísimo planteamiento de McClane como personaje y protagonista. Es la primera vez en cinco películas que asistimos a una retirada parcial (o total en algunos momentos) de McClane de la escena principal en favor de una presentación en toda regla de su hijo. No estamos hablando de compartir el protagonismo como ya ocurriera en la esplendida Die Hard III (John McTiernan, 1995) con el gran Samuel L. Jackson, sino de que da la sensación de que Willis está de prestado en su propia saga al imponerse un compañero de batallas superior (no solo físicamente) a él. Apenas hay espacio para el humor (aparte de ver a McClane repetir hasta la saciedad que está de vacaciones mientras recibe balazos de todos lados) debido a que Courtney se toma demasiado en serio a si mismo, al igual que el guionista Skip Woods construye un personaje totalmente artificial y con tendencia a la grandilocuencia, chocando constantemente con el socarrón y malhablado McClane…para mal. Porque el recuerdo (y digo el recuerdo porque aquí McClane es menos McClane que nunca) de uno nos hace percibir al otro como uno de esos enemigos sin rostro ni nombre a los que su padre machacaba sin piedad, es uno más del montón, sin ninguna oportunidad para explotar una química que directamente no existe. Tanto Woods como John Moore se olvidan de que conocemos desde hace años a McClane y siempre lo hemos aceptado tal como es, nunca hemos necesitado una profundidad o sensibilidad especial para identificarnos con él ni para estar de su parte. Simplemente, Willis y su magnetismo eran suficientes para definir a un personaje deudor de aquel sempiterno detective taciturno, bocazas y prepotente interpretado por Bogart en tantos y tantos clásicos. Ambos fallan en intentar humanizar con brochazos sentimentales a un personaje duro, con un corazón grande (si no no haría lo que haría, ni arriesgaría su vida por nada ni por nadie), que en ningún momento ha sentido la necesidad de exponerse para que el público entienda su historia porque ya es un personaje muy humano. Se tiende a confundir la humanidad con el sentimentalismo y, lo que en la saga Bond con Mendes funciona a la perfección, aquí chirría. El querer hacer hincapié en el estado físico y la edad de McClane permanentemente como si fuera el teniente Riggs (Danny Glover) de Lethal Weapon (Richard Donner, 1987) no da resultado, ya que eso solo queda reflejado en pantalla por las limitaciones impuestas por su hijo, mientras que los espectadores vemos como se carga a diez tíos con una metralleta. Es decir, si apuestas tu jugada a la carta del paso del tiempo, hazlo plenamente y no a medias, porque el guión dice una cosa y la pantalla otra.

La Jungla Un Buen Dia para morir.Dehparadox 1 Reseña: La jungla: Un buen día para morir (2013)

Una de las constantes de la saga  Die Hard  ha sido que siempre ha contado con villanos de primer nivel, ricos en matices, con personalidad propia e interpretados por actores tan espléndidos como Alan Rickman, Franco Nero o Jeremy Irons, que aportaban ese contrapunto tan necesario cuando se tiene enfrente una bestia como Willis/McClane. Aquí sin embargo, los villanos están dispersos y revueltos (no puedo descifrar mucho para no fastidiar la sorpresa), simplemente son rusos malvados con planes maléficos, símbolos a los que derrotar y nada más. Sus motivaciones son tan comprensibles como incomprensibles sus acciones para llegar a ellas. Por cierto, es significativo que, mientras en Die Hard III son los rusos los que pretendían asaltar los Estados Unidos con sus planes, en esta quinta entrega es el propio McClane el que acude directamente (y desconociendo lo que se va a encontrar) a la Madre Rusia. No pienso que sea una casualidad y es que Estados Unidos y los ataques preventivos siempre se han llevado muy bien, sobre todo en la última década. Por lo tanto, una saga tan aparentemente trivial como puede ser Die Hard, nos sirve para ejemplificar de forma clara los cambios sociales en las últimas décadas. John Moore, director de la horrible Max Payne (2008) apuesta en la primera mitad de película por mantener las bases visuales que han hecho de Die Hard una de las sagas de acción más puristas de la historia del cine, con unos efectos especiales tradicionales cuyo resultado es espectacular (sobre todo la escena de liberación de los presos). Sin embargo, en la segunda parte, aunque se mantiene gran parte de la vistosidad, los efectos digitales se hacen notar y se pierde frescura y sensación de realidad. Por otra parte, realmente las secuencias de acción son originales y cuentan con una planificación muy elaborada que las convierte en un material de oro…si el director tuviera idea de donde situar la cámara y la acción. Porque Moore confía en exceso en un montaje erróneo que le habrá facilitado el rodaje sin duda, pero que, a la hora de montar, estoy seguro que debe haberle supuesto más de un quebradero de cabeza.

La Jungla Un Buen Dia para morir.Dehparadox 2 Reseña: La jungla: Un buen día para morir (2013)

Y eso el film lo nota. No es lo único en lo que se nota la falta de talento en el montaje, ya que las innecesarias escenas familiares nunca encuentran su espacio y tiempo en el metraje y no sirven para otra cosa más que para entorpecer el desarrollo de la narración y cortar constantemente el ritmo. El ñoño e inservible plano final es una buena muestra de ello. En resumidas cuentas, entendí que la entretenida cuarta parte no estuviera al nivel de las anteriores ya que, a cambio, nos entregó un par de horas de buen entretenimiento y diversión usado como vehículo de lucimiento de Willis. Sin embargo, en la quinta parte, ni siquiera tiene ocasión para lucirse y es ahí cuándo me pregunto, ¿Por qué autorizó Willis este guión? ¿Se lo leyó antes de rodar? ¿No vio que contenía el Yipikayei más soso de la historia? ¿Podrían darle a Jai Courtney su propio spin-off y qué no aparezca más en Die Hard? ¿Es la breve presencia de Amaury Nolasco un esperanzador indicio de que John McTiernan conseguirá fugarse de la cárcel a tiempo para darle a McClane la espectacular despedida que se merece en Die Hard VI?

UN BUEN DÍA PARA MORIR (A Good Day to Die Hard – Die Hard 5), EE.UU., 2013. Dirección: John Moore. Guion: Skip Woods (Personaje: Roderick Thorp). Fotografia: Jonathan Sela. Musica: Marco Beltrami. Elenco: Bruce Willis, Jai Courtney, Sebastian Koch, Mary Elizabeth Winstead, Julia Snigir, Amaury Nolasco, Megalyn Echikunwoke, Cole Hauser, Anne Vyalitsyna, Yuliya Snigir, Melissa Tang, Pasha D. Lychnikoff, Radivoje Bukvic, Sergei Kolesnikov.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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