La cultura bajo acoso EL DETERIORO INSTITUCIONAL COMO PROGRAMA OFICIAL, por Alfonso Molina

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El estado actual de los museos venezolanos revela los alcances de políticas culturales dominadas por la ideología. Foto de Jesús Rincón.

Como crítico de arte y gerente cultural, María Elena Ramos constituye una referencia fundamental en el campo de la museística venezolana. Su criterio ha jugado un papel importate en la formulación de políticas públicas para el sector artístico antes, durante y después —estoy seguro— del contradictorio periodo histórico que estamos viviendo. Una capítulo caracterizado por la hegemonía centralista y la vocación totalitaria. Por eso su visión de lo que ha sucedido desde 1999 hasta el presente permite la comprensión de los programas oficiales hacia el espacio de la plástica y la cultura en general. Los asume como parte esencial de un proyecto político que trasciende el caudillismo y se enraíza en viejas convicciones colectivistas. El gran aporte de su más reciente libro, La cultura bajo acoso, se halla tanto en el conocimiento detallado y revelador de los casos analizados en cada texto como en la percepción global que surge de su conjunto. de reflexiones Sus ensayos —de fechas diversas pero unidos bajo un concepto común— proponen el análisis de la institucionalidad cultural que el régimen chavista ha desplegado a través de sus diferentes etapas, por la vía de casos y situaciones específicas que expresan la dominación de lo ideológico sobre lo artístico. Ramos aborda un área temática que está viva y que exige comprensión. Eso es lo que ella ha hecho en su nueva publicación y con ella abre el debate necesario.

Comunicadora social con estudios de doctorado en Filosofía, docente e investigadora, María Elena Ramos ha construido una trayectoria impecable de más de tres décadas que la vincula directamente con la Galería de Arte Nacional, el Museo de Arte Popular de Petare y el Museo de Bellas Artes, del cual fue directora. Su obra editorial es amplia y a la vez precisa: Juan Lovera y su tiempo (1981); Notas sobre arte y comunicación visual (1982); Un museo para la paz (1984); Arte y Naturaleza (1987); Pistas para quedar mirando (1991); Acciones frente a la Plaza (1995); Intervenciones en el espacio: diálogos en el MBA (1999); Armónico-Disonante (2001); Fotociudad, estética urbana y lenguaje fotográfico (2002); De las formas del arte (2003); Diálogos con el arte (2007); Gego (2012). No sería vano decir que ha dedicado su vida profesional a la investigación y la preservación del arte venezolano. Algo que vuelve a revelar en su nuevo libro, aunque esta vez lo hace desde una perspectiva política porque los tiempos así lo exigen.

La idea medular que corre transversalmente en las 181 páginas de La cultura bajo acoso se manifiesta como la lucha entre la cultura y la ideología, el arte y la dominación, la libertad y la mentira. Aunque esta idea se extiende a todos los territorios de la creación, Ramos se encarga de ponerla de relieve a través de experiencias particulares en el campo que mejor conoce: los museos. A través de estas instituciones realiza un agudo ejercicio crítico sobre los cambios efectuados en las políticas culturales del Gobierno Nacional. No se trata solo de espacios expositivos ni de colecciones preservadas sino de las relaciones que establece el ser humano con el arte, su entorno y el disfrute de belleza. La ética, la estética y la lógica arman el trípode de su vida. Además, la autora ofrece un registro histórico de nuestros museos que va colocando las piezas de un rompecabezas que —como todo rompecabezas— respeta un orden, es decir, una forma de comprender la realidad y la creación. Poco a poco, va desentrañando la estructura de un sistema de museos que se altera  y se transforma al servicio de una concepción política de la cultura.

La concentración del dominio oficialista, la ruptura de la autonomía operativa, la ausencia de libertad gerencial y creativa conforman los rasgos de identidad de la politización de la cultura. Propia de los comisarios ideológicos, esta actitud programática recuerda las tristes experiencias en la Unión Soviética y sus áreas de influencia. El detalle dramático es que Ramos no se refiere a esas experiencias lejanas en el espacio y el tiempo sino a los catorce años de la era de Hugo Chávez. Pero se cuida de no cargarle la mano a un caudillo con otro tipo de intereses —militarismo, colectivismo, totalitarismo, mesianismo y otros— sino de denunciar las concepciones autoritarias desarrolladas en este periodo por funcionarios que sí saben lo que persiguen. El control de la vida física y espiritual del ciudadano de manera total.

Los textos seleccionados por la autora no se encuentran ordenados cronológicamente sino a través de una articulación temática que va imponiendo un orden. Se divide en cuatro capítulos: Cuando se politiza la cultura; Los discursos del poder en tiempos críticos; Los museos al centro del debate; y De curadores y curadurías. En ese
transitar surge los grandes peligros, las grandes advertencias, las grandes pesadillas que se han cernido sobre la cultura en este lapso que todos habremos de rememorar para 
entender qué nos pasó como país. Muy pertinente es, entonces, el prólogo de Simón Alberto Consalvi, titulado La cultura bajo estado de sitio, cuando recuerda a Shih Hung Ti, primer emperador de China hacia 238 a. C., el hombre que creó la Gran Muralla, pretendió abolir el pasado, ordenó quemar todos los libros anteriores a su época y decretó que la historia comenzaba con él. En su penúltimo párrafo, Consalvi es contundente: “En Venezuela, como en la China del desorbitado emperador Shih Hung Ti, también se ha construido una gran muralla  No divide a la geografía, algo peor, está hecha de piedras invisibles, divide a la gente, y no hay peor daño para la cultura y la idiosincrasia de un pueblo que condenarlo a ser su propio enemigo”.

La cultura bajo acoso 1Una última consideración. La cultura bajo acoso fue publicado por Artesano Editores, nueva editorial venezolana que en 2012 ha presentado otros dos títulos: La mirada del otro, de los historiadores Elías Pino Iturrieta y Pedro E. Calzadilla, y Julieta en su castillo, del narrador y ensayista Miguel Gomes. Bienvenida esta nueva casa.

LA CULTURA BAJO ACOSO, de María Elena Ramos. Artesano Editores, Caracas, 2012.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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