El chavismo se delata EL FASCISMO, LA VIEJA OBSESIÓN, por Jorge Lazo Cividanes

Chavismo y fascismoEl llamado Socialismo del Siglo 21 ha convertido a Venezuela en un país extravagante. Tras catorce años prometiendo patria, soberanía y desarrollo, profetizando el colapso del capitalismo y ofreciéndose como modelo, la Venezuela que nos lega Hugo Chávez importa casi todo lo que consume, incluyendo la gasolina y el papel higiénico. Las contradicciones son tantas y tan profundas que luce difícil pensar que esta historia acabe sólo en ridículo. Empujada por la ambición desmesurada de poder y lucro, la aventura bolivariana conduce el país al caos y sus líderes piensan, obnubilados por la impunidad, que sobrevivirán en la anarquía.

Acostumbrados al exceso, una y otro vez los portavoces del régimen acusan de fascista a la oposición. Un disparate, desde luego. Hasta causa cierta perplejidad tener que refutarlo. El fascismo fue un fenómeno histórico surgido en Italia hace casi ya cien años. Descrito por quienes más lo han estudiado* como un movimiento revolucionario, nacionalista, antimarxista y antiliberal, el fascismo se constituyó en partido-milicia inspirado por una concepción integrista de la política. Con un líder carismático a la cabeza, tuvo la aspiración de alcanzar un monopolio absoluto del poder y pregonó la creación del “hombre nuevo”. Ése, por cierto, a quien el movimiento le pedía “creer, obedecer, combatir”, como reza el famoso eslogan fascista.

El fascismo, por otra parte, llega al poder electoralmente. Pero, una vez en control de las instituciones del Estado, destruye el sistema político previo (democracia liberal) para instaurar un régimen corporativo de partido único, en el que toda la sociedad se politiza y la acción política se convierte en la fuente mística de salvación y progreso.

Desde Europa, el fascismo vino a América Latina como modelo (inspirando los regímenes de Perón y Vargas) y como categoría de análisis político (la controvertida tesis de un “fascismo latinoamericano”, representada inicialmente por las experiencias populistas argentina y brasileña). Posteriormente, el término “fascista” fue utilizado por la izquierda latinoamericana —de modo inexacto y falaz, como en el caso presente— para referirse a las dictaduras militares que aparecieron en Sudamérica en la década de los años setenta del pasado siglo. La intención, obviamente, era crear un falso dilema: fascismo o socialismo. Tal como hoy pretenden los apóstoles del chavismo.

Sin embargo, de su expresión original europea difieren significativamente tanto los movimientos populistas latinoamericanos que pretendieron imitarlo (no obstante las significativas similitudes que guardan con aquella) como los regímenes militares posteriores de Pinochet o Videla, con los cuales las diferencias son notablemente más profundas. Recordemos, por ejemplo, que estos últimos fueron productos de golpes de Estado y buscaron fundamentalmente la despolitización de la sociedad y la desmovilización popular. Por otra parte, nunca crearon partidos de masas ni fueron conducidos por líderes carismáticos, y redujeron además la participación del Estado en la economía, entre otras muchas diferencias.

La grotesca asimilación no es, por tanto, casual ni nueva. Intenta deslegitimar la acción del oponente, desmoralizar a millones de venezolanos que por más de una década han resistido un proyecto político que perciben como un camino seguro al servilismo y la miseria. Si alguna comparación con el fascismo fuese posible, la misma no sería con la oposición sino con el chavismo. Este último, como buen ejemplo de movimiento populista, adolece de numerosas inclinaciones fascistas. En esta materia y en muchas otras, la “Revolución Bolivariana” se muestra como lo que es: un fraude histórico. Y contra la evidencia poco o nada pueden sus anticuadas e histéricas consignas ni su desmesurado uso de la propaganda, y mucho menos su tendencia recurrente a proyectar en sus enemigos (“golpistas”, “corruptos”, “fascistas”) sus propias faltas, vicios y debilidades.

Jorge Lazo* Entre otros, puede consultarse: Gentile, Emilio. (2004) Qu’est-ce que le fascisme? : histoire et interprétation. Paris. Gallimard, y Paxton, Robert O. (2004). Le fascisme en action. Paris. Éditions du Seuil.

http://jorgelazocividanes.wordpress.com

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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