El Hombre de Acero LAS CRONICAS DE SUPERMAN, por Ricardo Pineda

superman

La prueba de fuego la tiene ahora El hombre de acero, protagonizada por Henry Cavill, producida por Christopher Nolan y dirigida por Zack Snyder.

Desde su debut en las páginas de historietas, en junio de 1938, Superman ha sobrevivido y prosperado durante décadas de reinvenciones y reinterpretaciones, apaleado por el cambio de los tiempos y de los gustos. Algunos lo ven como el mítico símbolo de la esperanza y entereza moral, mientras que otros lo califican de fenómeno cultural pop. Ahora, 75 años después, arriba a las salas de cine de todo el mundo —incluyendo Venezuela— la anticipada El Hombre de Acero y, tal como lo prometen los avances y carteles de publicidad, parece emerger con más fuerza que nunca.

Fue el primer héroe con súper poderes proveniente del mundo de los cómics. El hombre vestido con mallas azules, capa roja y una S cruzada en su pecho comenzó su vida como el infante Kal-El en el lejano planeta de Kriptón. Pero en realidad fue concebido en la imaginación de unos adolescentes de Cleveland, Ohio: Jerry Siegel, escritor y Joe Shuster, ilustrador; dos tímidos solitarios, hijos de inmigrantes judíos, con intereses comunes a la hora de sonar el timbre de receso o salida en la secundaria: las novelas de aventura y ciencia ficción, revistas ‘pulp’ y tiras cómicas.

Originalmente idearon un personaje calvo y malvado con habilidades telepáticas. El nombre surgió del filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su famoso enunciado sobre el superhombre, cinco décadas previas. Pero pronto comenzaron a reconsiderar el concepto. Ahora sería un bastión del bien, cuya fortaleza se mediría con la de un Hércules, Sansón o cuanta leyenda parecida existiera. Convirtieron a Superman en un extraterrestre refugiado en la Tierra, específicamente Metrópolis (inspirada en Nueva York) y le dieron una identidad secreta, como el tranquilo y reservado reportero Clark Kent.

Todas las grandes casas editoriales enseguida lo rechazaron. Lo consideraron muy juvenil y no les convencía la idea de que alguien pudiera saltar grandes alturas (aún no volaba) y que le rebotaran las balas. Siegel y Shuster entraron en el mercado produciendo cientos de historietas en la National Allied Publishing (que luego pasó a llamarse Detective Comics y, por ende, DC Comics) sobre espadachines, caza vampiros y detectives privados, que eran la norma del momento. Desesperado por un éxito, la compañía necesitaba un nuevo protagonista en su tiraje de antologías. Fue así como salió a la venta en los quioscos el primer número de Action Comics (valorada hace dos años en una subasta por 900 mil dólares). Su portada a full color mostraba a un hombre de traje azul y capa roja levantando un vehículo, toda una increíble proeza para la época. Cada revista costaba 10 centavos, cifra accesible para el ciudadano común que ganaba 25 dólares a la semana. Corría entonces la Gran Depresión que azotaba con mucha incertidumbre la estructura económica en Estados Unidos.

El protagonista afrontaba problemas asociados con la época, como el crimen urbano, estafas de constructoras o el maltrato de los patrones con sus empleados. Lo suyo era una cruzada social y cada edición seguía sumando más lectores y fieles seguidores. En enero de 1939 el personaje hizo el salto al periódico por la puerta grande y 13 meses después Las aventuras de Superman debutó en las emisoras radiales, permitiendo que 20 millones de radioescuchas sintonizaran los próximos 2 mil capítulos. Clayton “Bud” Collyer prestó su barítona voz, de dócil a grave, en el doble papel de Clark Kent y Superman. Se establecieron mitologías como su capacidad de volar, se revela que la kriptonita lo debilita, el Daily Star pasó a llamarse Diario El Planeta y se introducen personajes frecuentes como el editor Perry White, el fotógrafo Jimmy Olsen y la intrépida reportera Luisa Lane, su gran amor prohibido.

“Un elemento en la mitología de todo superhéroe es que debe tener un alter ego. Batman es en realidad Bruno Díaz y el Hombre Araña es Peter Parker. Ellos se tienen que poner un disfraz para hacer sus proezas. Superman, en cambio, no tiene que convertirse en nada. Cuando se despierta, ya es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Lo que usa (los lentes, el traje de ejecutivo) es su disfraz para poder encajar entre los humanos. ¿Y cuáles son sus características? Es débil, inseguro y un cobarde. Kent es la crítica de Superman para el mundo entero”. Tal es la teoría del director y guionista Quentin Tarantino en el monologo que recita David Carradine al final de Kill Bill Vol. 2.

A sólo tres años de su debut en la imprenta, Fleisher Studios produjo el primero de 17 cortometrajes de animación para la gran pantalla. Superman podía resolver los problemas del mundo, pero en la vida real la amenaza era más espantosa: el 7 de diciembre de 1941 ocurrió el ataque a Pearl Harbor, que significó la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. De inmediato su heroicidad en la ficción fue usada como propaganda para animar a las tropas aliadas que combatían a Hitler y su ejército nazi.

La constante amenaza de un desastre nuclear entre naciones, tras las retaliación ‘yanqui’ a Hiroshima y Nagasaki, motivó a la película de bajo presupuesto El hombre átomo vs. Superman (1950), con el ex vaquero Kirk Alyn, quien venía de hacer los seriales para cine los sábados en función de matiné. Sin embargo, la persona que estaba destinada a perdurar en el papel era George Reeves, un actor conocido por su papel secundario en “Lo que el viento se llevó”. Lideró la secuela, Superman contra los hombres ratones, estrenada en noviembre de 1951. Todo ello contribuyo a la creación de una serie en un novedoso medio de alcance masivo: la televisión.

Las aventuras de Superman, filmada en blanco y negro, tuvo una aceptación inmediata desde su debut el 19 de septiembre de 1952 y quedo inmortalizada con su clásica introducción: “Mas rápido que una bala. Más veloz que una locomotora. Capaz de saltar sobre los rascacielos… ¡Miren, en el cielo! Es un ave, es un avión… ¡es Superman!”. En Venezuela era transmitida por Venevisión, en función vespertina junto con El llanero solitario.

Pero todo el encanto natural de Reeves a lo largo de seis temporadas no podía ocultar fuera del set su frustración por no salir del encasillamiento. La mañana del 16 de junio de 1959, el mundo se despertó con un espantoso titular de prensa: “Superman se suicidó”. El actor, de 45 anos, fue encontrado muerto en su apartamento, con serias evidencias de haber bebido licor la noche anterior. Sin embargo, no se encontraron huellas dactilares en el arma que lo mató, ni siquiera las suyas. Un misterio. En el filme de 2006, Hollywoodland, estelarizado por Ben Affleck, se examina la posibilidad de que pudo tratarse también de un asesinato por encargo tras su amorío con la esposa de un influyente productor de cine.

Sin Reeves, la serie culminó. Afortunadamente, los comics seguían vendiéndose y expandiendo la mitología del personaje. Las aventuras se remontaron a su época de adolescente en Smallville o Villa Chica, como se le conoce en castellano. Aparecieron su prima Superchica y los villanos que escaparon de la zona fantasma tras la destrucción de Kriptón. Nuevos enemigos como Brainiac y aliados como el supercaballo Cometa y el superperro Krypto deleitaron el imaginario juvenil. Los sábados por la mañana los niños podían sintonizar las populares comiquitas Los superamigos, donde les acompañaba Acuaman, Batman, Robin y la Mujer Maravilla en el Salón de la Justicia.

Comenzaba la década de los ’60 y toda esa promesa de justicia social y optimismo se vieron opacadas una vez más por el asesinato del presidente John F. Kennedy. Una generación creció desilusionada entre disturbios raciales, protestas políticas, la sicodelia y activismo en contra de la guerra de Vietnam. A ese punto Superman parecía irrelevante, un héroe de papel. Con la institucionalidad de una nación moralmente quebrada, debido al escándalo Watergate y la posterior renuncia del presidente Richard Nixon, la sociedad reavivaba un interés por la espiritualidad donde el superhéroe, a los ojos de la cultura pop, encajaba perfectamente en el prototipo de un mesías secular.

En el documental para la televisión “¡Mira! Arriba en el cielo” no se descarta una alegoría judeocristiana en la mitología de Superman. Después de todo, baja de los cielos para salvar a hombres y mujeres. “Pueden ser buenas personas, Kal-El. Desean serlo. Sólo carecen la luz que les muestre el camino. Por esta razón sobre todo les he enviado a mi único hijo” (Mensaje de su padre, Jor-El). También hay paralelismos a pasajes del Antiguo Testamento, cuando los progenitores de Moisés iban a ser asesinados por los egipcios (la destrucción de Kriptón) y el hijo descendió por el Nilo y aterrizo en la tierra como un inmigrante y fue adoptado.

Una resurrección estaba en puertas cuando el productor ruso-mexicano Ilya Salkind y su padre, Alexander Salkind, quienes habían alcanzado el éxito con la adaptación al cine de Los tres mosqueteros, tuvieron la visión para una película épica, la más ambiciosa de la historia sobre los orígenes de un  personaje proveniente del cómic. Contrataron al autor de El padrino, Mario Puzo, para elaborar el guión en dos volúmenes. La dirección recayó en Richard Donner, quien insistió en imprimirle un toque de seriedad y respeto al material. El ganador del Oscar Gene Hackman interpretó al maniático Lex Luthor, Margot Kidder fue escogida para el rol de Luisa Lane y el legendario Marlon Brando (por un sueldo de 3,7 millones de dólares más porcentajes de los ingresos, inaudito para la época) dio vida a Jor-El, el científico que envía a su hijo a la Tierra. Los productores se negaban a darle el papel principal a un actor de renombre y optaron por un desconocido. Ese fue Christopher Reeve, un recién graduado de la prestigiosa universidad dramática Julliard, de apenas 25 años.

Según la sección de trivia en la página IMDb, el rodaje fue todo menos placentero. Los efectos especiales y las escenas de vuelo habían sobrepasado el horario y el presupuesto. Las tensiones aumentaron entre Donner y los Salkind, por lo que se decidió abandonar 70% de la segunda parte y concentrarse en terminar la primera. El 10 de diciembre de 1978, 40 años después de la publicación del primer número de Action Comics, se estrenó Superman: La película, realzada con la gloriosa banda sonora de John Williams. El filme recaudó más de 300 millones de dólares en todo el mundo. El nuevo y moderno cine de Costa Verde de Maracaibo abrió sus puertas por primera vez con dicho estreno, en diciembre de 1980.

La secuela era inevitable. Pero las diferencias creativas entre Donner y los Salkind eran irreversibles, así que los productores recurrieron a otro director para completar las escenas restantes y regrabar algunas secuencias que se tornaron chistosas e inverosímiles. Superman II (1981) fue otro éxito de taquilla, por lo que los productores no esperaron hacer la siguiente entrega. Superman III (1983) fue coprotagonizada por el comediante Richard Pryor, como un torpe programador que construye una computadora capaz de destruir al protector de Metrópolis. Las críticas fueron muy duras y los ingresos monetarios, aunque menores, igual le favorecieron. Peor le fue a Superchica (1984), que expandió el universo del personaje presentando a su prima, encarnada por Helen Slater. Se vendieron los derechos de la franquicia al grupo Canon Films para hacer Superman IV (1987), que abordó el problema del desarme nuclear en el mundo. Fue tan pobre en efectos especiales que se hundió comercialmente y significó no sólo el final de la saga cinematográfica sino también la última vez que Christopher Reeve se colocaría el famoso traje tricolor.

Cuando la serie televisiva Las aventuras de Superboy salió al aire en 1988, quedó claro que el personaje debía ser reinventado a los convencionalismos de la época. Los fanáticos que crecieron con las historietas ahora eran adultos y querían ver a sus héroes con sus propios conflictos y complejas dimensiones. Fue en ese entonces que Batman (1989), de Tim Burton, maravilló a las audiencias con su sombría actitud. Los tiempos habían cambiado.

DC Comics apostó por lo impensable en 1993. Clark Kent le propone matrimonio y le revela su verdadera identidad a Luisa Lane en las tiras cómicas, pero los planes de boda se ven interrumpidos por un monstruo llamado Doomsday, quien da muerte al iconoclasta luchador de la justicia en la edición número 75. En menos de dos semanas aficionados y coleccionistas compraron cerca de tres millones de copias. Fue un suceso cultural histórico. El mundo se había quedado sin Superman, pero la editorial rápidamente buscó la manera de revivirlo en numerosas versiones, bien sea como robot o a manera de renacimiento intergaláctico.

Asimismo, en televisión se preparaba otra nueva serie llamada Luisa y Clark, con Dean Cain y Terri Hatcher, que se centraba en la relación de los reporteros y no tanto en la heroicidad de Superman. Pero otro evento trágico estaba por ocurrir en la vida real. El 27 de mayo de 1995 Christopher Reeve cayó de un caballo durante una exhibición de equitación y sufrió una parálisis en la espina dorsal, del cuello para abajo, que lo dejó conectado a un respirador artificial De inmediato corrieron rumores sobre una maldición al relacionarse el accidente de Reeve con la muerte de George Reeves. Sin embargo, fue entonces que el actor se armó de increíble fuerza ante el mundo convirtiéndose en un incansable activista de la investigación médica contra la discapacidad física. Aún sin la habilidad de caminar, demostró que los humanos pueden ser tan valientes e influyentes como cualquier ídolo ficticio. Lamentablemente falleció el 10 de octubre de 2004.

Superman seguía su curso en el mundo de la animación. En 1996 el canal WB produjo una serie art deco renovada y más adelante apareció La liga de la justicia, al lado de Batman y Linterna Verde, entre otros, en un tono mordaz que hasta la fecha ha tenido gran aceptación. También innovadora fue Smallville, en torno a la vida de un joven y confundido Clark Kent, quien en medio de la pubertad descubre que tiene poderes sobrenaturales y no sabe cómo controlarlos. La serie halló la manera de hacer Superman sin el traje, sin volar y mostrando a Lex Luthor como un amigo que todavía no se entrega por completo al lado oscuro.

Arrancaba el nuevo milenio y las nociones de verdad y justicia sufrieron otra prueba muy dura con los ataques terroristas el 11 de septiembre de 2001. ¿Dónde estaba Superman? En los bomberos, rescatistas y voluntarios que arriesgaron su vida para ayudar a las víctimas de las Torres Gemelas. Se redefinió el concepto de héroe con el valor y sacrificio del ciudadano común.

Fueron muchos los intentos de devolver a Superman en el sitial cinematográfico. Hubo un proyecto que traería lo visión gótica de Tim Burton a Metrópolis con el actor Nicolas Cage en el papel titular, pero eso nunca se concretó. Tras la oleada inspirada por X-Men, El Hombre Araña, Hulk, Los 4 fantásticos y Batman inicia se reactivó el interés del estudio Warner Bros. para la realización de Superman regresa (2006). El director Bryan Singer optó por retomar la historia iniciada por Donner tres décadas atrás, en un mundo que parecía haber olvidado al héroe. Pero el novel y apuesto Brandon Routh nunca trascendió en el papel y las escenas de vuelo parecían evocar un tono dudosamente masculino. Kevin Spacey intentó canalizar a Hackman como Lex Luthor, sin éxito. Desempolvaron, en clave nostálgica, el clásico tema de John Williams y material de archivo inédito con Brando como Jor-El. Pero otras decisiones, como la revelación de un hijo entre Luisa Lane y Superman, no convencieron al público y los resultados fueron mixtos.

La gran prueba de fuego la tiene ahora El Hombre de Acero, nombre alternativo que muy bien funcionó para Batman en la reciente trilogía de El caballero de la noche. No es coincidencia. La superproducción va de la mano de Christopher Nolan, quien sirvió de mentor del proyecto que dirige Zack Snyder (el mismo de 300 y Watchmen). Hans Zimmer tiene la titánica tarea de crear una banda sonora cumbre, pero diferente al de John Williams. El británico Henry Cavill se une a la creciente lista de actores no americanos en abordar populares héroes nacidos de la cultura norteamericana (como el gales Christian Bale en la reciente encarnación de Batman y los australianos Hugh Jackman y Chris Hemsworth, los respectivos Wolverine y Thor). Con un reparto de lujo que incluye a Russell Crowe, Kevin Costner, Amy Adams y un intenso Michael Shannon como el malvado Zod, ahora la creación de Joe Shuster y Jerry Siegel se inicia en el formato 3D con avanzados efectos especiales en plena era digital. El legado está servido para una nueva lectura, acorde a los rápidos cambios que surten en la sociedad actual. ¿Tiene el mundo la necesidad de otro Superman? Que comience la función.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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