No deja de ser trágico para un país como Egipto, que por primera vez en su milenaria historia (probablemente la nación más vieja del mundo) y después de haber elegido como presidente a Mohamed Mursi en elecciones aparentemente limpias y democráticas, éste se vea obligado a salir del poder gracias a un golpe militar ampliamente solicitado y recibido con fanfarria hoy por millones de egipcios. Se trata de los mismos militares que habían sido expulsados del poder hace apenas un año. Lo cierto es que allí tenemos un país muy polarizado (¿les suena familiar?) y completamente desestabilizado política y socialmente. La salida forzada de Mursi se explica por la grave situación económica (desempleo, desabastecimiento, caída del turismo, etcétera) y por un manejo torpe de los asuntos de Estado. A Mursi se le acusa de haberse ido inclinando gradualmente hacia la construcción de un estado clerical con tendencia «islamizante» dándole la espalda al estado seglar (pro-occidental) al que se acostumbraron los egipcios bajo la dictadura de Mubarak. Algo muy parecido a lo que estamos observando en Turquía hoy. Resulta evidente que la mezcla estado-religión es sumamente explosiva como se puede constatar en Irán. Las tensiones sociales comienzan a acumularse cuando «el clero», además de las cuestiones espirituales, extiende su dominio hacia la administración civil y al ámbito de la política. En esas circunstancias cualquier diferencia en lo político-administrativo que ocurra con el gobierno clerical en el poder se convierte en una especie de pecado mortal. Y ese chantaje no suele ser bien recibido por las clases medias más ilustradas en esas naciones. Esa es la razón por la que hasta nuestro señor Jesucristo advirtió: «Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Mi reino no es de este mundo». Lo que demuestra que hasta el hijo de Dios tenía plena conciencia de que no se debe mezclar la religión con la política. Me temo que tendremos al Oriente Medio signado por la inestabilidad política por mucho tiempo.
Muy acertada reflexión!