Un dilema del cine nacional ¿PASAR AGACHADO?, por Carlos Oteyza

Festival del Cine Venezolano 2013 2Tener la oportunidad de ver, en el Festival de Cine Venezolano en Mérida, dieciséis películas nacionales estrenadas de un año para acá, no es poca cosa. Pudimos confirmar que aquella idea generalizada de que la pantalla grande era para delincuencia y guerrillas, está en desuso. No es que no haya armas. Las hay y muchas, pero la diversidad ha ido ganando terreno. Finalizada la jornada, la pregunta cae sola: ¿y dónde está el país? No está nada claro.

Como nunca antes, durante estos últimos quince años la sociedad venezolana ha estado agitada y dividida: política en la calle, en las universidades, en las Fuerzas Armadas, en PDVSA, en el trabajo, en la familia, en la cama. Los medios de comunicación públicos convertidos en altoparlantes de la propaganda del gobierno, los privados defendiendo a dentelladas su espacio y, si no fuese suficiente, la implantación “a lo mero macho” del sistema orweliano de cadenas de radio y televisión. Política sin respiro.

Un país al que las estrellas de cine internacional no vienen a rodar películas —hay excepciones—, sino a retratarse con las autoridades, a declarar o a conocer lo que supuestamente “es digno de replicar”. Sin embargo, la diversidad de cintas proyectadas en Mérida está muy lejos de reflejar los hechos políticos más significativos de estos tiempos, o sencillamente algún detalle de los planes sociales desarrollados, o el permanente ambiente conflictivo, o la cubanización de la sociedad o cualquiera de las angustias que nos hemos visto obligados a compartir durante el siglo XXI. Y aunque la violencia es tema de varias de las películas en competencia, el desapego a las causas y al entorno sociopolítico propio, terminan por hacerlas parecidas a las historias de cualquier país de Centroamérica. Al observar con detenimiento el panorama proyectado, uno podría considerar que hay casi como una fobia a tocar conflictos que identifiquen al país, a la venezolanidad, al aquí y al ahora.

Entendemos, claro está, que las películas de tono más intimista no se abren a estas posibilidades, pero nuestra reflexión se sustenta en lo que presenciamos en Mérida: poca intimidad. No tenemos claro entonces por qué la cinematografía venezolana, la de un país que para bien o para mal ha estado en las primeras planas del mundo entero, logra desaparecer la compleja realidad nacional tan eficientemente.

El hecho es bastante sorprendente.

Nos vemos obligados a sugerir dos razones que nos lucen válidas para responder, al menos parcialmente, por tal desajuste: la hiperpolitización de estos últimos años puede que estimule a los creadores a desvincularse, quizás de manera inconsciente, de los conflictos y situaciones que nos abruman. A la hora de filmar, todo lo que nos sintonice con esta agobiante película que estamos obligados diariamente a protagonizar, debe quedar por fuera.

La segunda razón está atada a la primera. La sociedad venezolana está cargada de conflictividad, tener posiciones críticas frente a la realidad, por más que sea una banal alusión, puede convertir a la película en una amenaza. Toda imagen o diálogo puede polarizarse. ¿Por qué entonces arriesgar la posibilidad de que se le otorgue un crédito de producción? Estatutariamente no existe la censura, ¿y la autocensura? ¿Por qué arriesgar la posibilidad de hacer una película, con lo difícil que es, con escenas que puedan ser consideradas inapropiadas? ¿Cuál es el límite en el que no se traiciona a la patria? O también, ¿por qué arriesgarse a molestar a parte del público? ¿No será mejor contar historias y dejar tranquilas las referencias de un país tan polarizado?

Carlos OteyzaTodo puede ser. ¿Pero será sano para los realizadores y el cine venezolano, pasar agachados?

Carlos Oteyza

* Publicado en Tal Cual el miércoles 26 de junio de 2013.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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