A 40 años de la muerte de Bruce Lee EL ARTE DE LA NO TÉCNICA, por Ricardo Pineda

Operación Dragón Bruce LeeLa sirena de una ambulancia veloz interrumpía la tranquila noche de aquél 20 de julio de 1973 en el vecindario Bacon Hill Road, en Towloon Tong, Hong Kong. Los paramédicos subieron al apartamento de la actriz taiwanesa Betty Ting Pei tras la llamada del productor cinematográfico Raymond Chow, quien llegó al lugar momentos antes para conocer una realidad que horas más tarde ocuparía los titulares de todos los diarios locales: Bruce Lee, el reconocido astro chino-americano, yacía tendido en la cama sin mostrar señales de vida. Fue trasladado de emergencia al hospital Reina Elizabeth, donde fue pronunciado muerto. Tenía 32 años.

Conmoción, incredulidad y especulación se fusionaron en el nacimiento de la leyenda. Apenas faltaban 28 días para el estreno de Operación: Dragón en Estados Unidos, relato de un monje del templo Shaolin que acude a un torneo de artes marciales donde también opera una red de narcotráfico y prostitución en una remota isla. La cinta, coproducida por Warner Bros., sin duda representaría su entrada por la puerta grande a la industria de Hollywood. Pero más que eso, lo catapultó a la fama internacional, convirtiéndolo en un icono admirado por millones de fanáticos en el mundo entero por años venideros; incluso, mucho después de su lamentable desaparición física.

Con ello, un sinnúmero de teorías acompañaron su memorable imagen: que si falleció en la casa de su amante, que los triadas (mafia local) encargaron su muerte porque se negó a pagar protección, que recibió el golpe Dim Mak semanas previas a un colapso irreversible o que todo fue una supuesta maldición de otros maestros orientales por enseñar en su dojo los secretos del kung fu a estudiantes de cultura occidental.

Los antecedentes médicos, sin embargo, indicaron que Lee sufrió una fuerte jaqueca y desmayo dos meses previos (el 10 de mayo de 1973) en los estudios Golden Harvest, mientras hacía el doblaje para Operación: Dragón, que fue rodada sin sonido. El actor fue llevado al Hospital Batista de Hong Kong, donde se le diagnosticó un edema cerebral. Para reducir la hinchazón se le administró un medicamento conocido como mannitol y en poco tiempo recuperó la conciencia y volvió al trabajo.

Fueron esos mismos síntomas los que se repitieron la noche de su muerte. Según Linda Lee Cadwell, su esposo se reunió a las 2:00 pm con el productor Chow para hablar de El juego de la muerte, producción que se vio interrumpida por la realización de Operación: Dragon. Dos horas más tarde, ambos se dirigieron al apartamento de la actriz Ting Pei. Los tres se sentaron a revisar el guión. Lee comenzó a quejarse de un fuerte dolor de cabeza y la mujer le dio un analgésico, Equagesic, una combinación entre aspirina y un relajante muscular llamado meprobate. A las 7:30 pm se acostó y tomó una siesta. No despertaría jamás.

De acuerdo con los reportes de la autopsia, no había heridas externas en su cuerpo. Su cerebro, sin embargo, se había hinchado considerablemente en un 13% (de 1.400 gramos a 1.575 gramos). Se concluyó que fue “muerte por accidente” tras una reacción alérgica al Equagesic. Pero también hubo opiniones preliminares sobre otra sustancia presente: cannabis. Al parecer la consumía.

Luego de un multitudinario funeral en las calles de Hong Kong, Cadwell regresó a su Seattle natal con los restos de su marido, quien fue enterrado en el lote 276 del cementerio Lakeview. Al acto asistieron amigos y estudiantes célebres como Steve McQueen, James Coburn, George Lazenby y, por supuesto, toda su familia, incluyendo a sus dos pequeños: Shannon y Brandon Lee, quien 30 años después moriría de forma accidental en el set de El cuervo.

De inmediato, en el cine comenzaron a sortear al “próximo Bruce Lee”. Productores buscaron a actores con parecido físico al actor para continuar con la popularidad del género, cuya explotación pasó a conocerse bajo el término “bruceploitation” en los años setenta. Atletas y protagonistas sin mucha experiencia fueron rebautizados con los nombres artísticos Bruce Li o Bruce Le para sazonar la taquilla. Pero no pasaron de ser descoloridas imitaciones.

Todo se concentraba en el espectáculo de la pelea, con golpes, patadas, destrezas con el “nunchaku” y saltos acrobáticos. Se olvidaron cuál era el secreto detrás de ese carisma y disciplina que tan bien funcionaron en la gran pantalla, como quedó demostrado en El gran jefe (1971), sobre un campesino que rompe su promesa de no volver a pelear hasta emprender venganza contra el patrón que mandó a matar a sus más cercanos; Puños de furia (1972), como discípulo que estalla tras la muerte de su maestro; y El retorno del dragón (1972), esta última dirigida por el propio Lee, donde se enfrenta con Chuck Norris en el Coliseo romano. Siempre el defensor de la población asiática más desprestigiada, contra el yugo de los poderosos o abusadores.

El cine y la televisión dedicaron honrosas producciones, entre las mejores: la inexacta aunque entretenida La verdadera historia de Bruce Lee (1976), Dragón (1993), con Jason Scott Lee y la miniserie La leyenda (2008). El juego de la muerte, estrenada en 1978, cinco años después de su muerte, completó las escenas que había grabado su protagonista con escenas que requirieron tres evidentes dobles: uno durante los diálogos, otro para las peleas y un último para el plano general. Fue un fracaso.

No sólo se trataba de un cineasta y exponente consumado de las artes marciales, con estudiosas coreografías sólo comparable a las del bailarín Fred Astaire en el género musical. Fue también un filósofo y maestro zen, inspirado en los principios del Wing Chun, arte conceptual de la China ancestral a cargo de su instructor, el legendario Yip Man, en plena adolescencia.

Cuando se fue de Hong Kong en 1959 para estudiar en la Universidad de Washington, Seattle, Jun Fan Lee —su nombre de nacimiento, un 27 de noviembre de 1940 (año del dragón) en el Barrio Chino de San Francisco— adaptó su propia versión: Jun Fan Wing Chun, logrando el puñetazo de media pulgada.

“Vacía tu mente. Quédate sin forma, como el agua. Ahora, pon agua en una taza y se convierte en la taza. Ponla en la tetera, se convierte la tetera. El agua puede fluir o trepar… o gotear o estrellarse. Sé el agua, amigo”, era su mantra.

Bruce Lee no era fanático de seguir técnica alguna. Los fundamentos de su disciplina filosófica, el Jeet Kune Do, se basa precisamente en el arte de la no técnica. ¿Cómo trascender el mero nivel metafísico? Asumiendo que su propuesta no se quedara en la mera idea: fusionando estilos, que las ideas se mantuvieran fluidas, en constantes cambios, sin aferro. Como el agua.

“No hay oponente, porque la palabra ‘yo’ no existe. Un buen peleador de artes marciales no se torna tenso, sólo está preparado. No piensa, pero a la vez no sueña. Está preparado para lo que venga. Si el oponente se expande, yo me contraigo; cuando se contrae, yo me expando. Y cuando se da la oportunidad, ‘yo’ no lo golpeo, se golpea a sí mismo”.

Dicha frase es atribuida a una escena inédita de Operación: Dragón que fue reinsertada en la edición especial en DVD, a propósito de su 35º aniversario, en 1998. En otra secuencia le instruye a un novato: “No pienses… ¡Siente! Es como un dedo que señala a la luna. No te concentras en el dedo o te perderás de toda esa gloria celestial”. Sus creencias estaban plasmadas ahí.

Irónicamente, Lee nunca pudo disfrutar el éxito alcanzado por el filme, considerado el mejor en su estilo, que incluía la electrizante banda sonora del compositor argentino Lalo Schifrin (responsable también por la clásica tonada de Misión: Imposible) y la participación de los actores John Saxon y el recién fallecido Jim Kelly.

“Estaba muy entusiasmado por conocer la reacción del público. Cuando celebramos la premiere en el Mann’s Chinese Theater (en el corazón del Paseo de la Fama, en Hollywood), nuestros ojos estaban llenos de lágrimas cuando corrían los créditos finales. Fue algo muy especial ver todo ese esfuerzo en pantalla”, relata su viuda, Linda Lee Cadwell, en el documental I am Bruce.

Una estatua de bronce con la insigne imagen de Lee fue erigida en Hong Kong, donde todavía es considerado héroe nacional, el 27 de noviembre de 2005, cuando habría cumplido 65 años. El pasado 15 de junio fue revelada otra escultura en el Barrio Chino de Los Ángeles. Recientemente, un significativo número de seguidores criticaron el nuevo comercial de Johhnie Walker, etiqueta azul, por revivirlo a través de la tecnología digital 3D, así como han hecho con Humphrey Bogart, para promocionar dicha marca de whisky.

Su régimen era estrictamente saludable. Prefería carbohidratos a base de vegetales, arroz y pasta, típicos de la culinaria asiática. Usualmente carne o hígado en salsa de soya y tofu. También tomaba batidos proteínicos que incluían leche en polvo no instantánea, mantequilla de maní, huevos y banana. Acostumbraba a hacer ejercicios diariamente y se aplicaba estímulos electromagnéticos para fortalecer su musculatura. Alcanzó 0% de grasa corporal.

El actor americano, de ascendencia asiática, que en un principio logró notoriedad como el asistente Kato en la serie televisiva El avispón verde y que tuvo que regresar a Hong Kong para triunfar en el cine, ya que a los productores de Hollywood en ese entonces no les parecía indicado que estelarizara Kung Fu, otra producción para la pantalla chica que recayó en el caucásico David Carradine, cambió para siempre la manera en que la industria estereotipaba a los personajes de su raza. Dejó una huella imborrable en la cultura pop del siglo XX. La llama del dragón aún flamea.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a A 40 años de la muerte de Bruce Lee EL ARTE DE LA NO TÉCNICA, por Ricardo Pineda

  1. Hay toda una filmografía relevante de Bruce Lee incluso películas que hablan de su vida, a mi me encanta la acción y sin duda fue uno de los representantes del cine de artes marciales.

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