Las sesiones EL DESPERTAR SEXUAL, por Alfonso Molina

Las sesiones 2

Las actuaciones de John Hawkes y Helen Hunt construyen el clima dramático de un film memorable.

Después de labrar una extensa trayectoria en el cine de Australia, su país adoptivo, Ben Lewin alcanzó el reconocimiento en el plano internacional con Las sesiones, un drama con ribetes de comedia que ha ganado una verdadera colección de galardones y postulaciones desde su estreno el año pasado. Empezando con el Festival de Sundance (Premio del Público y Premio Especial del Jurado al reparto), el de San Sebastián (Premio del Público), los Independent Spirit Awards (actor para John Hawkes y actriz de reparto para Helen Hunt), los Oscar (Hunt fue postulada) y los Globos de Oro (ambos fueron candidatos como actor en drama y actriz de reparto), aunque el propio Lewin no haya ganado ninguno por este film que toca sus fibras más personales. Este director de origen polaco y de 66 años —que tenía casi dieciocho años sin dirigir un largometraje— padeció polio cuando era muy niño y desde entonces ha usado muletas. Esta discapacidad lo vincula directamente con su personaje central, Mark O’Brian, poeta y periodista norteamericano de pensamiento muy religioso, de 38 años, habitante de Berkeley, tetrapléjico que vive dependiente con un pulmón artificial. Ha pasado la mayor parte de su vida paralizado de su cabeza hacia abajo. Pero su sensibilidad sexual está allí, despierta. No quiere seguir siendo virgen y busca ayuda. Este es el punto de partida de una historia conmovedora.

Basada en un caso real, la acción transcurre a finales de los años ochenta, en San Francisco, cuando a O’Brian le pidieron que escribiera una serie de artículos sobre los discapacitados y el sexo, lo que le condujo a plantearse su vida y a desear explorar por primera vez esa experiencia para escribirla de primera mano. Y lo hizo. Mark (extraordinariamente interpretado por Hawkes) decidió recibir el consejo del padre Brendan (con el magnífico William H. Macy), un sacerdote muy especial, y al mismo tiempo entró en contacto con Cheryl (la superlativa Hunt), una terapeuta sexual, para cumplir su deseo. Pero Mark tenía que cambiar sus ideas religiosas y morales para hacerlo. La batalla que libró para lograr su satisfacción personal se desarrolló primero en su interior, en sus creencias católicas, en los recuerdos de su infancia, en la memoria de su hermanita muerta a los siete años y en una vida familiar no precisamente feliz. El punto es que Lewin —quien vive en California desde 1994— adaptó los artículos publicados por O’Brien en los que relata su proceso de pérdida de la virginidad, con una profunda carga emocional, y los convirtió en un film memorable sobre el despertar sexual y afectivo de un ser humano que no se rinde. Manejó el tema sin excesos y sin llevarlo al terreno de la lástima, como muchos otros filmes.

La fortaleza fundamental de Las sesiones reside en el dibujo fino de las personalidades de Mark y Cheryl, personajes muy diferentes que descubren una amplia zona común en sus existencias. Esa capacidad para enhebrar una historia muy franca e íntima sobre las necesidades afectivas de los seres humanos permite que el espectador se vincule emocionalmente con un caso poco usual pero verdadero. No es un film de autoayuda ni una oda al esfuerzo individual y heroico. Lewin prefirió observar y comprender a un hombre enfrentado a su fe y a sí mismo, que debe superar sus limitaciones. El factor catalizador de la trama se halla en esa terapeuta sexual que siempre recalca que no es prostituta sino una profesional de criterio riguroso, con confianza en sí misma y sin temor a la desnudez. Cheryl conduce el proceso a través del cual Mark comienza a conocer su cuerpo y el cuerpo de una mujer. Trata de mantener una distancia afectiva y dedicarse al trabajo profesional. Pero ella también lleva una vida insatisfactoria, bajo un extraño amor con su esposo, sin caricias verdaderas. Carece de aquello que trata de enseñar a sus pacientes. Como una defensa personal evita acostumbrarse a sus clientes y limita las sesiones de trabajo a seis. Pero en tan solo cuatro oportunidades, Mark y Cheryl descubren que tienen en común un gran vacío íntimo. No necesitan completar el tratamiento. Cada cual comprende que ha vivido un proceso de transformación.

Si bien ambos constituyen personajes muy bien definidos y elocuentes, no son los únicos en cobrar importancia. El sacerdote católico Brendan, por ejemplo, conforma una plataforma religiosa y humana para que el discapacitado cruce el umbral de sus deseos. Un poco más allá se encuentran Amanda, la primera mujer con la que Mark llega a fantasear una vida en pareja, o Vera, la asistente de origen asiático que lo acompaña fielmente en el proceso de encuentro con el coito. Y también Susan, la voluntaria del hospital que termina enamorada del hombre que le susurra “no soy virgen”.

Lo que seduce en Las Sesiones es su tratamiento de la sexo como conducta y como experiencia, lejano del exhibicionismo fácil y de las simplicidades eróticas. Gira alrededor de la sexualidad a través de la comprensión de las relaciones humanas y del contacto físico como algo imprescindible para la madurez emocional. Con humor, ternura y elegancia, la película fluye muy bien porque ni juzga a los personajes ni dramatiza el erotismo. Expresa lo que puede suceder antes o después de las implicaciones emocionales entre dos seres muy distintos pero también muy afines.

Como dato curioso, en 1997 la respetada documentalista norteamericana Jessica Yu ganó un Oscar por su cortometraje Lecciones de respiración: la vida y obra de Mark O’Brian. Es un importante antecedente del film de Lewin.

LAS SESIONES (The sessions) EE.UU., 2012. Dirección y guion: Ben Lewin. Producción: Judi Levine y Stephen Nemeth. Fotografía: Geoffrey Simpson. Música: Marco Beltrami. Montaje: Lisa Bromwell. Diseño de producción: John Mott. Vestuario: Justine Seymour. Elenco: John Hawkes, Helen Hunt, William H. Macy, Moon Bloodgood, Annika Marks, Rhea Perlman, W. Earl Brown, Robin Weigert, Blake Lindsley, Ming Lo. Distribución: Gran Cine.

 

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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