Los conflictos del militarismo FUERZA ARMADA CHAVISTA, por Alicia Freilich

Fuerza Armada Chavista “Está en marcha una conspiración subterránea, no para desestabilizar al Gobierno sino para minar las bases del sistema democrático”

Rómulo Betancourt, “Discurso en el Poliedro”, Caracas, 1976

Nuestro quehacer doméstico y creativo se resiste, consciente o no, a tocar de frente el grave asunto militar. La tradición pedagógica en secundaria y estudios superiores obvió el tema, lo limitó a la Venezuela Heroica de Eduardo Blanco como referente de asignatura mítico-literaria. Además, cuarenta años de República en democracia civil alternativa sembraron confianza en la solidez del sistema. Se delegó ese latente síntoma y sus dispersos focos subversivos a las autoridades en el poder, mientras acuciosos investigadores ­dentro y fuera de academias­ advertían sobre la fragilidad de nuestra estructura democrática. Se marginó el necesario interés por la esencia histórica de los países bolivarianos, en especial por el embrión militarista venezolano, la herencia de la tribu, analizada a fondo con ese título por la escritora Ana Teresa Torres.

Rómulo Betancourt fue firme en la percepción de tamaño mal endógeno, convicción que impulsó lo más orgánico de su tenaz lucha republicana.

De allí su particular estrategia, después partidista, que insertó el civilismo en las Fuerzas Armadas Nacionales al otorgarles privilegios en educación y salud como básico pilar constitucional, sujeto a consagrados deberes y derechos, cuya meta es preservar paz, integridad y desarrollo. Frente a varias intentonas golpistas ­incluso la castro-cubana en el movimiento guerrillero de los años sesenta­ las FAN fueron insobornables y respetadas garantes en el difícil proceso civilista del país con la mayor reserva petrolera, centro de ambición internacional.

¿Pan comido? No. Es pan crudo porque cerca de 80% de la población venezolana menor de 40 años desconoce la historia y vivencias padecidas bajo un régimen comandado por militantes armados de una organización fascio-populista al estilo de los comunismos chino-castro-soviético y del peronismo. Doscientos años independientes del imperio español en culto a Simón Bolívar sirvieron a dictadores y autócratas como pretexto para justificar abusos y tropelías.

Ahora se transfiere el fenómeno como dependencia servil estatal de compra-venta frente a los nuevos imperios totalitarios. Por eso, el flechazo reactivo directo al cerebro emocional de un vasto sector juvenil frente al impecable documental Tiempos de Dictadura de Carlos Oteyza, y del actualizado montaje de El día que me quieras cabrujero dirigido por Héctor Manrique.

Mientras, el poder busca anular las universidades autónomas, sacrifica a una mayoría joven de los sectores más necesitados en aras de una ideología absolutamente personalista que promueve su desangramiento en las calles, su prisión masiva y deshumanizada como escuela del delito y lo más perverso, propio y principal de su cartilla destructiva, uniforma y manipula con vestimenta, emblemas y vocabulario de su caudillo Hugo Chávez Frías, a una infancia y adolescencia recogida a lazo rojo para organismos oficialistas, analfabetas funcionales o no, aptos para la sumisión cuartelera que los manipula para desfiles de revolución armada milicia pretoriana que ha superado los anteriores usos politiqueros del Libertador.

Ante un país destruido por la guerra, Simón Bolívar gratificó a valientes próceres de la Independencia y los hizo terratenientes de un suelo devastado. Ahora manda de nuevo la montonera de todo el siglo XIX con sus primitivos guerreros invasores desde el gobierno y la contra del bandolerismo que se llamó Revolución Restauradora y otros múltiples adjetivos.

Esta cúpula, el generalato actual, cuyo heroísmo radica en acumular capital, pésimas gestiones burocráticas y arengas contra el capitalismo, ejerce un oficio represivo de miseria espiritual con su ejemplo reciente en un Diosdado Cabello que no acierta ni siquiera a leer correctamente textos de redactores rojo rojitos.

Es la FACH, o Fuerza Armada Chavista, que negocia dineros públicos con directriz y fachada fidelista desde amenazas, persecución legalizada, hegemonía informativa y cárcel de pranes. Durante las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez, la censura militarista fue frontal.

En el chavismo, es cobardamente leguleya.

Queda el testimonial de imágenes y sonidos en eventos recientes, donde el mantuano, blanco y burguesito Simón Bolívar a la retaguardia ­ahora de escasa mención, revolcado en un solitario mausoleo de diseño romano a lo Mussolini­ es suplantado por un vernáculo, humilde, zambo, puro-pueblo, perfecto, eterno, psuvista, Padre de la Patria, expuesto en el nuevo Panteón Nacional. En situación límite no valen juegos ni metáforas. ¿Queremos barbarie o civilización?

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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