El gran Gatsby LOS RECUERDO DE NICK CARRAWAY, por Alfonso Molina

El gran Gatsby 1

La importancia del personaje de Nick Carraway (muy bien interpretado por Tobey Maguire) es uno de los logros del film de Luhrmann.

Esta quinta adaptación de la novela de Francis Scott Fitzgerald se demarca rápidamente de las versiones anteriores por el estilo muy personal que Baz Luhrmann impuso a una historia muy neoyorquina que bordea la leyenda literaria del American dream y, sobre todo, por la ubicación principal del personaje de Nick Carraway como observador y narrador de la historia. Algo que se había desdibujado en el fallido film que hizo Jack Clayton en 1974 —con Robert Redford, Mia Farrow y Sam Waterston— a pesar del guión de Francis Ford Coppola. En este sentido, El gran Gatsby del director australiano rescata el planteamiento medular de la novela como registro del enfrentamiento entre la vieja aristocracia de la Costa Este y los nuevos ricos surgidos durante la Prohibición gracias al contrabando de alcohol. Jay Gastby es un selfmade man originario de Dakota del Norte que ha hecho fortuna de manera oscura mientras Tom Buchanan pertenece a una adinerada familia del Medio Oeste asentada en Long Island que a mediados de los años veinte del siglo pasado determina la vida social de los ricos de Nueva York. Lo que une dramáticamente a ambos millonarios es Daisy Fay: esposa de Buchanan, ex amante de Gatsby y prima de Carraway. Cherchez la femme! La suerte está echada y comienza el duelo de pasiones en medio de grandes bailes, mucho jazz, abundante whisky y mucha infidelidad. Con el espectacular estilo visual de Luhrmann.

La película fue seleccionada para la inauguración —fuera de competencia— del pasado Festival de Cannes como anticipo de su estreno mundial. Por la alfombra roja se pasearon Leonardo DiCaprio como Jay Gatsby, Tobey Maguire como Nick Carraway, Carey Mulligan como Daisy Buchanan y Joel Edgerton como Tom Buchanan. La crítica se dividió rápidamente y también el público. El veterano Peter Travers, de la revista Rolling Stone, la destrozó con la lapidaria frase “Puede haber peores películas que El gran Gatsby este verano, pero no serán una decepción tan aplastante”, mientras el reconocido Mick LaSalle del San Francisco Chronicle la alabó porque “Luhrmann (…) no utiliza la novela como un mero pretexto para su propio ingenio visual, sino que realmente trata de captar el espíritu de Fitzgerald, y en su mayor parte, a pesar de algunos fragmentos vulgares, lo consigue”. Yo, humildemente, creo que el director de películas tan fastuosas como Strictly Ballroom (1992), Romeo + Julieta (1996) y Moulin Rouge (2001), todas dominadas por el amor, el arte, la música, la danza y el espectáculo, dedicó la primera parte de la película a recrear las espectaculares fiestas que daba Gatsby —con mucho jazz, champán y bailes— y solo en la segunda parte expuso el duelo amoroso de dos millonarios muy distintos, como metáfora del desplazamiento social al término de la Primera Guerra Mundial. Esta división tan marcada puede funcionar como espectáculo audiovisual —para los muchos seguidores del realizador nacido hace 51 años en Nueva Gales del Sur— pero minimiza la mirada crítica sobre el poder económico de la Costa Este que es fundamental en la novela del escritor norteamericano.

Su mayor logro reside en la fidelidad al personaje de Nick Carraway, suerte de alter ego del propio Fitzgerald, quien abre y cierra la narración con los textos de una historia que termina como tragedia y que ha titulado simplemente Gatsby. Al instante corrige: El gran Gatsby. Nick es un alcohólico que reside en un sanatorio y que asume la escritura de sus memorias como un manera de sortear su depresión. Es así como recuerda —como un gran flashback— a un hombre que persigue con obsesión el amor de Daisy y quien al recomenzar su relación con la chica se empeña en que ella le diga a su esposo que nunca lo amó y que siempre suya. Es un duelo entre hombres en un círculo social de mucho dinero y continuas infidelidades. Esta visión de Nick es la que ubica las referencias morales de la novela en el film. La muerte, en este contexto, es un mecanismo de desarrollo dramático, como el amor, los celos y la revancha. Un hombre misterioso y enajenado piensa que el pasado regresa, mientras un misógino intenta anular cualquier futuro entre su esposa y su amante.

Pero también Luhrmann quiere repetir el pasado y recrea el ambiente frívolo y frenético de su Moulin Rouge en el centro de poder económico de la Nueva York de los años veinte. Una iluminación asombrosa, un montaje desenfrenado, una realización extremadamente barroca, un deslumbrante diseño de producción y una coreografía insólita se suceden para formular un mundo fastuoso y superficial, como reflejo del espíritu desesperado de ese hombre llamado Gastby que organiza fiestas multitudinarias con la intención de reencontrarse con Daisy. La película es un alarde de excesos estilísticos muy propios del realizador, quien a mitad de camino revela el pasado de Gastby y Daisy, con la idea de ganar cierto dramatismo, pero lamentablemente no logra alcanzar profundidad.

Esta puesta en escena se corresponde con la inagotable imaginación de Luhrmann. Expone el vacío moral de sus personajes a través de un tratamiento recargado que potencia cierto sentido de soledad. Una apariencia de éxito esconde el mayor de los fracasos en una historia que Nick recuerda, detalla y escribe. Muy buen trabajo actoral de Tobey Maguire como el narrador de la tragedia, al lado de un Leonardo DiCaprio con buenos momentos que revelan esa crisis existencial que estalla cuando se sabe descubierto y pierde los estribos. La elección de Carey Mulligan parece tan desafortunada como la de Mía Farrow del film anterior, mientras que el papel de Joel Edgerton como Tom Buchanan no escapa del estereotipo más simple.

Al menos el tono literario de Fitzgerald se conserva con la voz en off de Nick, mientras que el poderío visual de Luhrmann y su desbordante imaginación completa su misión. Una historia de soledad y búsqueda de felicidad en la que un hombre quema su vida por un sueño y termina convirtiéndose en símbolo de la decadencia.

EL GRAN GATSBY, (The great Gatsby) EE.UU. y Australia, 2013. Dirección: Baz Luhrmann. Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce; basado en la novela homónima de F. Scott Fitzgerald. Producción: Baz Luhrmann, Catherine Martin, Douglas Wick, Lucy Fisher y Catherine Knapman. Fotografía: Simon Duggan. Montaje: Jason Ballantine, Matt Villa y Jonathan Redmond. Música: Craig Armstrong. Dirección de arte: Catherine Martin. Elenco: Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Isla Fisher, Jason Clarke, Elizabeth Debicki. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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