The Bling Ring LOS LADRONES DE HOLLYWOOD, por Ricardo Pineda

The Bling Ring 1Sus nombres son Rachel Lee, Nick Prugo, Alexis Neiers, Diana Tamayo y Courtney Ames. Los cinco adolescentes se paran en fila frente a una gran ventana en un cuarto de identificación de la jefatura de policía en Calabasas, California. Detrás de ellos el rallado de la pared que indica la altura de cada uno de los más notorios miembros de dicha pandilla, mejor conocida como los ladrones de Hollywood Hills o The Bling Ring. No son los típicos criminales altos, robustos o de apariencia amenazante. Las sospechosas en esta imaginaria situación vestían Loubuotins, en referencia a una de las tantas marcas de zapatos que llegaron a robar.

Desde octubre de 2008 hasta agosto de 2009 sus ‘travesuras’ en las lujosas quintas y mansiones de reconocidas personalidades —como Paris Hilton, Lindsay Lohan, Orlando Bloom, Brian Austin Green y su ahora esposa Megan Fox, entre otros— acapararon los noticieros del espectáculo estilo E! News y en las páginas de chismes en Internet, como las de Pérez Hilton y TMZ. Se calcula que durante ese período se hicieron con un botín de aproximadamente tres millones de dólares, tanto en efectivo como en otras pertenencias. Ello incluía zapatos, joyas, perfumes, vestidos exclusivos por grandes diseñadores, laptops y relojes. Tenían cierta predilección por Chanel, Yves Saint Laurent, Louis Vuitton, Prada, Rolex y Cartier.

No se trataba de una banda que arremetió con violencia y sangre en la casa de sus víctimas, al estilo Charles Manson en los años setenta. Era tan solo un grupo de amigos que atendía la escuela secundaria y de noche se divertían en fiestas o clubes; típicos chicos del ‘Valle’ (como se le conoce a esa ciudad perteneciente al condado de Los Ángeles), provenientes de hogares bien acomodados, fascinados por la vida de las estrellas y el estilo de vida ‘fashion’. Cuando sus identidades quedaron al descubierto tras el escándalo y en medio del juicio que enfrentaron por sus actos, casi se convirtieron en celebridades.

Los medios le dieron un enfoque sensacionalista al asunto. Los acusados eran perseguidos y fotografiados a su entrada en la corte, pero no desaprovecharon la oportunidad de ofrecer declaraciones con un aire de vanidad, como si estuviesen esperando el momento estelar, denotando ensayo, porque eran comentarios que pedían ser tomados en serio… como si fuesen artistas en la prémiere de su propia película.

“Soy una firme creyente del karma y pienso que toda esta situación supone una gran lección para crecer y expandirme como ser humano. No creo que el universo pudo escoger a otra mejor persona que yo. Esto no solo me afecta a mí sino también a los medios, a todos… y pienso que mi propósito es brindar la verdad. Mi propósito en este planeta es ser una líder. Me veo a mí misma como Angelina Jolie, pero más fuerte, luchando por el universo, por la paz y la salud de nuestro mundo. Quiero hacer algo que la gente pueda notar, por eso estoy estudiando administración porque eventualmente quiero ser líder. Quiero encabezar una gran organización caritativa. Quiero liderar este país”, acotó Alexis Neiers en contra de la voluntad de sus abogados, que no lograron callarla durante una entrevista para la revista Vogue.

Bastó que en ese reportaje de la periodista Nancy Jo Sales, aptamente titulado ‘Las sospechosas vestían Louboutins’, se hiciera reflexión sobre el caso y sus protagonistas como una ex animación antropológica de la sociedad y de la decadente formación de la cultura de consumo de masas que se ha impartido en las nuevas generaciones.

Todo lo que antecede se convirtió en material suficiente para la quinta película que dirigió Sofía Coppola, The Bling Ring (aún sin fecha de estreno en Venezuela), que fue presentada a comienzos de año en el festival de Cannes en la sección Un certain regard, con una tibia recepción por parte de la crítica. El 14 de junio pasado el filme de corte independiente se estrenó en apenas cinco salas de Estados Unidos, exclusivamente en Los Ángeles y Nueva York. Tuve la oportunidad de asistir a una función en la cadena de cine AMC, en el distrito comercial y residencial Century City, donde a pocas cuadras se podía apreciar el rascacielos que fue usado en la original Duro de matar, que en verdad son las oficinas principales del estudio 20th Century Fox.

En 95 minutos de dramatización, Coppola adentra al espectador en un mundo de superficialidad, sin que la obra peque de caer dentro de su mismo contexto. Porque está basada en hechos reales, se propuso mostrar cómo lucen estos jóvenes, sobre qué hablan, cómo se comportan y en qué piensan. No los juzga, simplemente los acompaña. Se hace curioso que estos ‘villanos’ no veían sus propias escapadas nocturnas como un delito en propiedad ajena, más bien era como un típico paseo por un centro comercial… exclusivo. En pocas palabras, un sacudón consumista desprovisto de compás moral. No se trataba de la redistribución de la riqueza sino la celebración de la piedra que brilla, el estatus y la fama que ello conlleva.

La realizadora prefirió no usar los nombres verdaderos de los integrantes porque no quería darles mayor apremio; en cambio, actrices como Kirsten Dunst y la socialité Paris Hilton, una de las despistadas víctimas, hacen breves apariciones como ellas mismas.

La introducción de la pandilla se establece desde el comienzo: la líder es Rebecca (Katie Chang), de personalidad calmada y un tanto escurridiza, que se convierte en una especie de mentora para el recién llegado compañero de clases Mark (Israel Broussaurd), un desadaptado cuya orientación sexual nunca es definida, pero que igual encuentra su nicho como fashionista. Al salir de una fiesta, influenciados por el estilo de vida glamoroso que leen en revistas, ambos comienzan a tomar lo que encuentran dentro de los lujosos autos estacionados —sin seguro— por el vecindario. Una primera intrusión a una quinta cuyos dueños están de viaje les permite apoderarse de efectivo, tarjetas de crédito y un Porshe ‘temporal’ para salir de compras. Comienza la adicción por apoderarse de lo ajeno. Poco después se les unen Chloe (Taissa Farmiga), Sam (Claire Julien) y la completamente banal y despistada Nicki (la británica Emma Watson, con un asombroso acento californiano, lejos de aquella Hermione en la saga de Harry Potter).

En las películas con robos elaborados los protagonistas siempre construyen un meticuloso plan. En The Bling Ring no lo hay. Estos chicos simplemente navegaron por el portal Google Map para conocer dónde residían sus celebridades favoritas, ya de por sí sobreexpuestas para su propio bien. Gracias a las páginas de chismes en internet sabían cuando alguno de ellos se encontraba fuera de la ciudad o del país, bien sea para asistir a una alfombra roja o promocionar un producto. La seguridad no era mayor problema. En el caso de Paris Hilton, dejó la llave de la entrada principal justo debajo de la puerta. Aún más insólito, la heredera de la prestigiosa cadena hotelera permitió recrear las escenas del robo en su propia mansión. En secuencias realmente amenas, el público se une al mismo asombro de los intrusos con detalles tan triviales como las almohadas con el rostro de Hilton, el salón privado para el after party o el cuarto secreto que a modo de templo guarda una casi infinita colección de joyas y zapatos.

La pandilla cayó presa de sus propios excesos. Se sintieron famosos dentro de la ropa y las joyas que le quitaron a sus ídolos. Comenzaron a frecuentar las mismas discotecas, a bailar la misma música, a tomar las mismas drogas sociales (cocaína y crack entre las más fuertes) y a fotografiarse excesivamente ante la cámara de sus propios teléfonos celulares para guindarlos en redes sociales como Facebook e Instagram. No le tomó mucho a las autoridades atar los cabos, ya que las descripciones coincidían con lo capturado por las cámaras de seguridad en los hogares millonarios.

De vuelta a la vida real y en consecuencia de la misma película, el oficial del departamento de la policía de Los Ángeles, Brett Goodkin, quien estuvo a cargo del caso, podría perder su trabajo por prestar su colaboración con la producción cuando la investigación aún estaba abierta. Recibió 12 mil 500 dólares como asesor y actor (se interpretó a sí mismo).

Entre los miembros de The Bling Ring, cada quien tuvo que pagar por las consecuencias de sus actos, aunque queda la duda si el castigo hubiera sido igual para unos jóvenes afroamericanos provenientes de Compton o Inglewood, por ejemplo.

Rachel Lee: Después de su no declaración como culpable o inocente, la supuesta líder fue sentenciada a 4 años de prisión (la pena más severa del grupo). Sólo cumplió una condena de 1 año y 4 meses.

Alexis Neiers: Considerada la figura más pública, fue sentenciada a 180 días de prisión, de los cuales cumplió 30. Durante ese tiempo, coincidentemente, le tocó ser vecina de celda de una de sus víctimas, Lindsay Lohan, cuando la actriz cumplió condena por conducir en estado de ebriedad. Nunca se hablaron. Aún le pesan 3 años de libertad condicional y una deuda de $600 mil al actor Orlando Bloom. Neiers tuvo su propio reality show en E!, llamado Pretty Wild. Actualmente tiene una hija con su esposo, a quien conoció en una charla de Alcohólicos Anónimos.

Courtney Ames: Tuvo la brillante idea de presentarse en la corte con un collar perteneciente a Lindsay Lohan. Aún así, su única condena fueron tres años de libertad condicional y 60 días de servicio comunitario. Hoy día es estudiante de psicología y conducta infantil en Pierce College en Woodland Hills, California.

Nick Prugo: Dos años en prisión fue su condena. Solo tuvo que cumplir uno. Salió en libertad en abril pasado.

Diana Tamayo: Tres años de libertad condicional y 60 días de servicio comunitario.

La hija de papá que quería dirigir

A Sofía Coppola le corre el cine por las venas. Apenas era un infante cuando su padre, el realizador Francis Ford Coppola, la incluyó en la escena del bautizo en la clásica El padrino. Su infancia y buena parte de su juventud transcurrió en el set de otra obra monumental, Apocalipsis ahora, cuya producción se retrasó por varios años en Filipinas.

Cuando la actriz Winona Ryder se vio obligada a abandonar el papel de Mary Corleone en El padrino, parte III (1990), como la hija de Al Pacino, al cineasta se le ocurrió reemplazarla con su niña consentida, ahora convertida en señorita, pensando que obtendría el mismo resultado cuando John Huston llevó a Angelica Huston al Oscar con El honor de los Prizzi. Pero el nepotismo no pudo ser más desastroso en este caso. El trabajo de Sofía fue tan despedazado por la crítica que su carrera como actriz no floreció jamás.

A pesar de haber entrado con traspiés en su debut cinematográfico, se formó durante una década haciendo cursos de fotografía profesional y filmando videos experimentales con cámaras Súper 8, siempre de cerca al mundo de la moda y las pasarelas, que eran su nueva fascinación.

En 1999 llegó al cine su ópera prima, titulada Las vírgenes suicidas. En compañía de una melosa banda sonora a cargo de la banda francesa Air, abarca el relato de tres hermanas (Kirsten Dunst, entre ellas) que se sienten sometidas en su propio hogar cuando están ávidas de comenzar a explorar el mundo adulto. Su ojo por los detalles y momentos de chispa juvenil sorprendieron al público.

Pero no fue sino con Perdidos en Tokyo (2003) que Sofía Coppola brilló con luz propia, ganando el Oscar a Mejor guión original. Es la historia de dos seres completamente distintos que encuentran una conexión humana en una cultura y territorio foráneo. Bill Murray hace de actor desencantado con su vida y carrera, mientras Scarlett Johansson es la aburrida esposa de un joven director de videos musicales. Hay quienes aseguran que el filme es un reflejo de lo que fue su fallido matrimonio con el director Spike Jonze y que, incluso, la joven entrometida encarnada por Anna Farris estaba inspirada en Cameron Díaz. Lo que no se pudo negar fue un sello personal que venía inspirado por el neorrealismo europeo de los años sesenta, con La dolce vita apareciendo de madrugada en el televisor del hotel.

El gusto por la buena costura, decorados victorianos y temas musicales modernos fueron el punto a su favor de su siguiente obra, María Antonieta (2006). Repitió con la norteamericana Kirsten Dunst en el papel de la muy famosa aunque cuestionada reina de Francia en el siglo 18, lo que levantó comentarios adversos y abucheos tras su proyección en el festival de Cannes. El enfoque femenino y la manera de hallar comprensión hacia una figura rebelde, tan cuestionada en su época, revelaron una afinidad muy particular.

En 2010 estrenó Somewhere, sobre la vida de un actor a punto de estrenar una nueva película que se ve atrapado en su cuarto de hotel, ofreciendo entrevistas tras entrevistas a la prensa mientras por dentro esconde un desinterés y aburrimiento a modo de crisis existencial. Su pequeña hija le acompaña por momentos. Tal vez es su interpretación a ese mundo del cine, el lado promocional y el de las falsas apariencias, de las que fue testigo gran parte de su vida cuando salía de gira con su famoso progenitor. El filme le valió el León de Oro (Mejor película) en el festival de cine de Venecia, presidido por su ex novio y colega Quentin Tarantino. Actualmente la realizadora de 42 años está casada con el músico francés Thomas Mars, vocalista de la banda de rock alternativo Phoenix, con la que tiene dos hijas.

Con The Bling Ring volvió a un tema más actual y urbano, nuevamente centrándose en la juventud. Mantuvo un presupuesto minimalista ($5 millones) en comparación a los estándares de Hollywood hoy día y considerando los costosos accesorios a los que un quinteto obsesionado con la vida de las celebridades pudo tener en sus manos, aunque por un corto tiempo. Si ese fue apenas una primera señal de lo que está por venir en el fascinantemente irreal mundo con el que crecen y se trazan las generaciones del mañana, Sofía Coppola vaya que supo mirar desde una rendija calmada, pero latentemente alarmante.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a The Bling Ring LOS LADRONES DE HOLLYWOOD, por Ricardo Pineda

  1. Yo la percibí como una parábola inversa de “Somewhere”. Continúa la linea del vacío existencial de personajes en el tope de sus potenciales dentro de una círculo social banal al extremo y, esto a su vez, la une con el eje principal de su filmografía. Personajes exitosos brutalmente vacíos e incomprendidos por una sociedad de consumo que los mistifica a lo intocable. En esta entrega lo mismo pero al revés. En este sentido coincido “…, Sofía Coppola vaya que supo mirar desde una rendija calmada, pero latentemente alarmante.”

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