Iron Man 3 EL COMPLEJO MILITAR INDUSTRIAL HECHO SUPERHEROE, por Héctor Concari

Iron Man 3 1El 17 de enero de 1961, Dwight Eisenhower dio su último discurso como presidente de los Estados Unidos. No era cualquier presidente el que se despedía. Ike había sido el comandante de las fuerzas aliadas en Europa, y asistido al comienzo y apogeo de la guerra fría y a dos posguerras. Más allá de lo previsible, el discurso es recordado por una advertencia que hoy luce premonitoria: debemos cuidarnos de la influencia, deliberada o no, del complejo militar industrial. Nuestro esfuerzo recursos y forma de vida están involucrados, así como la estructura misma de nuestra sociedad. Nunca dejemos que el peso de esta combinación haga peligrar nuestras libertades o procesos democráticos. Algo sospechaba este viejo guerrero. La historia viene a cuento ante esta tercera —tal vez última antes del previsible reciclaje— entrega del hombre de hierro. Porque, desde su primer capítulo hubo siempre algo fascinante en este superhéroe. Más que admirable, Tony Stark, es el superhéroe que encarna los peligros que el bueno de Ike señalaba.

No en vano nació en 1963, de la mano del muy prolífico y querible Stan Lee. Pero como los héroes de Stan Lee, hay un sino trágico que lo acompaña. Tony Stark es, antes que el hombre de hierro, un genio de la mecánica, un billonario y, especialmente en las películas, un ídolo mediático del mundo globalizado. Por supuesto es además un magnate con una sobrada influencia política. Su inverosimilitud no proviene de superpoderes que vienen de un planeta lejano, ni de la mala suerte de ser picado por una araña radiactiva, sino, precisamente de ser una cruza de Steve Jobs, Justin Bieber y Rambo. Un impensable, cuya suerte y hazañas están atadas a la omnipotencia de la técnica, que en el cine tiene su correlato en las infinitas posibilidades de la imagen, potenciadas —en esta era esencialmente visual— por los efectos especiales que, ellos sí, carecen de límites concebibles.

Por eso Iron Man, es un personaje sobrecogedor si queremos ver más allá de la muy entretenida trama. Porque apuesta a un estadio distinto de la humanidad (no necesariamente superior). Dentro del Hombre de Hierro, está Tony Stark, que apenas es un cuerpo que abdica de sí mismo para protegerse tras el complejo militar industrial de Eisenhower. Una coraza ultrarresistente que le confiere poderes sobrehumanos, entre ellos, el poder de decidir hacia donde se inclina la balanza geopolítica mundial. Como su única debilidad son sus sentimientos, se ha vuelto cínico. Tiene ataques de pánico cada vez que comprende que su amor por Pepper Potts lo hace chantajeable. Poco importa que unos terroristas destruyan su mansión, su hogar, porque ya lo reconstruirá. Tampoco importa que destruyan su coraza, porque esa coraza es replicable al infinito y más temprano que tarde, dado que es parte de su ser, se reencontrara con su parte interna y débil. Su verdadera posesión es su poder, el poder de ser Iron Man, como confiesa en el parlamento final.

Tampoco sus enemigos son inverosímiles. Se esconden tras la máscara del terrorismo mundial pero en el fondo no tienen otra ideología que el poder y ese poder deriva de otra pretensión —biológica— de acceder a una forma alterna, tal vez superior de humanidad, que tampoco es tan inverosímil en estos tiempos tan mutables genéticamente. Más que una lucha de superhéroes positivos y negativos como en los demás comics, asistimos a un duelo entre la técnica cibernético militar y la manipulación genética. Un abismo que, travesuras cinematográficas aparte, es perfectamente verosímil. Nada de esto tiene gran importancia en la superficie de Iron Man 3, un divertimento muy bien narrado, magníficamente actuado y visualmente delirante gracias a la 3D. Pero de que los miedos planetarios, como los superhéroes y las brujas, vuelan. Vuelan.

IRON MAN 3. USA 2013. Director Shane Black. Con Robert Downey Jr, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Guy Pearce

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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