Brecha en el silencio EL INFIERNO ÍNTIMO DE LA POBREZA, por Alfonso Molina

Brecha en el silencio 1

Esta ópera prima de los hermanos Luis Alejandro y Andrés Eduardo Rodríguez no constituye un punto de partida sino más un punto de llegada en la carrera cinematográfica de sus autores. Brecha en el silencio revela mucho más de lo que parece a primera vista. Lo que podemos apreciar como un primer largometraje de ficción es, en realidad, el resultado de una amplia carrera como documentalistas y de haber ejercido un trabajo social con niños en estado de abandono. Los hermanos Rodríguez, en este sentido, no son unos debutantes y eso se nota en el enfoque temático y el estilo narrativo que impusieron a su film. Cuentan la historia de Ana, una chica que padece discapacidad auditiva en un ambiente de pobreza y exclusión. Trabaja como obrera en una empresa textilera y vive en un barrio con su madre Julia, su hermana menor Sofía, su hermanito Manuel y su padrastro Antonio. Ella es una víctima de la pobreza, el machismo, la indiferencia, el desamor y la impunidad. Ana está condenada, no tiene futuro, no alberga esperanza. Como le sucederá a Sofía y a Manuel en pocos años. Pero la supervivencia es un instinto básico y la conduce a una salida personal, a una rebelión íntima y a la búsqueda de un horizonte más amplio.

Producida por La Villa del Cine, Brecha en el silencio se estrena luego de una buena cosecha de reconocimientos. En el Festival de El Cairo (el único clase A de África) ganó el Premio de la Crítica (otorgado por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica, Fipresci), y los de mejor ópera prima y mejor actriz para Vanessa Di Quattro. En el pasado Festival de Cine Venezolano en Mérida obtuvo los galardones a la actriz principal (Vanessa Di Quattro), actriz de reparto (Juliana Cuervos), sonido (directo: Eleazar Moreno y postproducción: Gregorio Gómez), dirección de arte (Darwin Angola), ópera prima (Luis Alejandro y Andrés Eduardo Rodríguez) y el codiciado Premio del Público. Esta cantidad de laureles habla muy bien de su calidad pero no logra expresar su verdadera dimensión. El film parece un típico producto destinado a ganar premios en festivales sin incidir en sus propios escenarios, como ha sucedido con muchas buenas películas, pero ésta parece no inscribirse en esa categoría. Es un trabajo que evade el tratamiento comercial de la miseria pero se sitúa en el centro de un drama social bien identificado y busca vincularse con el público a través de las emociones.

Si no mediaran casi setenta años en la historia del cine, Brecha en el silencio podría haberse incluido entre las obras del neorrealismo italiano, cuando Roassellini, Visconti y De Sica recrearon el drama social de la pobreza de la posguerra europea y crearon una vertiente expresiva que ha influido en otras cinematografías a lo largo de las décadas. Porque el concepto fundamental de este film venezolano expresa el drama de la pobreza en nuestro país a través de las patología sociales, sexuales, laborales y de conductas generadas por sus mecanismos más perversos. El problema menor de Ana es su discapacidad auditiva. Lo más grave se halla en su entorno, sus limitaciones, sus carencias. Este enfoque sobre una sociedad depauperada se decanta por las miradas internas en una familia. No aborda el problema de la violencia de las bandas criminales ni de la dominación del narcotráfico ni de la represión policial, como hemos visto en otras películas venezolanas, sino que asume los infiernos que se viven en el interior de un grupo humano signado por el dolor, la frustración, la costumbre, la ingenuidad y el oportunismo.

Es una obra intimista en grado superlativo. La ciudad aparece poco. Apenas las calles del barrio, unos edificios abandonados y la fábrica. Por eso abundan los primeros planos que registran texturas y claroscuros en los rincones de la miseria y también los sentimientos y gestos de sus personajes acorralados. El sugerente trabajo de la imagen desarrollado por Antonio García capta y expresa los conflictos afectivos, familiares, humanos tanto como el ámbito social del barrio, así como el sonido de Eleazar Moreno y la postproducción sonora de Gregorio Gómez sintetizan el drama ineludible que viven sus personajes. Lástima que no he encontrado información sobre la autoría de la partitura pues la música   revela un cuidado muy  particular. Lo mismo la dirección de arte de Darwin Angola.

El cuadro interpretativo es muy especial. Los hermanos Rodríguez convocaron a actores poco conocidos pero muy eficientes para trabajar estos personajes. Especialmente Vanessa Di Quattro como Ana, con una actuación de mucha fuerza a pesar de carecer de palabras, pero también Juliana Cuervos como su madre Julia, Rubén León como su padrastro Antonio, Caremily Artigas como su hermana Sofía y el niño Jonathan Pimentel como Manuel conforman un quinteto de intérpretes muy efectivo. Sobre todo porque sobre sus gestos, palabras y acciones se centra una cámara en primer plano que registra sus emociones, sus dudas y sus fechorías. Sobre ellos recaen los primeros planos, las sombras y las luces, los susurros y los gritos. No son estrellas sino actores en su ley.

En realidad, Brecha en el silencio, como otras óperas primas de los últimos años, presenta los nuevos rostros y talentos del cine venezolano, tanto delante como detrás de las cámaras. Gente aún poco conocida que se sumará al trabajo de los creadores ya establecidos e irá marcando su propio rumbo. Pero lo más importante es que la obra de los hermanos Rodríguez mantiene y desarrolla un vínculo muy especial con la realidad de la inmensa pobreza venezolana de ayer y, lamentablemente, de hoy. No pretenden hacer sociología ni señalar las causas de la miseria o de las patologías de conductas. Sólo expresan un drama real, concreto y palpable.

Un dato final pero no menos importante: la opción que esbozan los hermanos Rodríguez para sus personajes se vincula con la elección de una generación. Ana, Sofía y Manuel representan el futuro, la independencia y la búsqueda de la felicidad ante un futuro abierto, lejano del barrio. En cambio, Julia y Antonio continúan atrapados en los rincones del pasado, separados por una puerta.

BRECHA EN EL SILENCIO, Venezuela, 2013. Dirección: Luis Alejandro Rodríguez y Andrés Rodríguez. Guión: Rafael Pinto, Luis y Andrés Rodríguez. Producción: Manuel Pérez. Fotografía: Antonio García. Montaje: Carlos Mendoza. Sonido: Eleazar Moreno. Postproducción de Sonido: Gregorio Gómez. Dirección de arte: Darwin Angola. Elenco: Vanessa Di Quattro, Juliana Cuervos, Rubén León, Caremily Artigas, Jhonattan Pimentel, María Elena Duque, José León, Freddy Salazar, Gelio Acosta “Gasolina”, Pastor González. Distribución: Cines Unidos.

Anuncios

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en Cine y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Brecha en el silencio EL INFIERNO ÍNTIMO DE LA POBREZA, por Alfonso Molina

  1. Pingback: 10 películas latinas van por el oscar 2014 | LA COLUMNA

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s