Igualita a mi PADRE E HIJA, por Alfonso Molina

Igualita a mi 1

Un dato firme: fue la película argentina más taquillera de 2010 en su mercado nacional. Casi 800 mil personas fueron a verla. Las claves de ese éxito hay que buscarla en su historia. Buenos Aires, tiempo actual. Freddy es un solterón de 41 años que gasta sus noches seduciendo mujeres jóvenes. Es un metrosexual que hace ejercicios, se pinta las canas, celebra con champán y se hace llamar asesor de empresas, aunque en el fondo es un oportunista que hace cualquier cosa por la guita y las minas. No acepta compromisos de largo aliento ni le interesan las responsabilidades. Hasta que conoce a Aylin, de 23 años, simpática, guapa, entradora. Quiere llevarla a la cama. El problema es que la chica es su hija -producto de un antiguo romance fugaz- y él no lo sabía. Además, está embarazada, es decir, Freddy será abuelo. Fin de mundo. Esta es la anécdota de Igualita a mí, comedia de Diego Kaplan que retoma el viejo tema de la inmadurez emocional masculina. Un hombre se niega a crecer y a comprender las etapas de su vida. Hasta que una mujer lo confronta. En realidad dos mujeres lo ponen en su sitio. El asunto funciona y establece un vínculo efectivo con los espectadores. Pero lo importante del film no está en esta anécdota, si se quiere predecible, sino en las implicaciones del aprendizaje afectivo tardío.

Kaplan es un realizador que viene de la televisión argentina, donde ha trabajado desde 1997. En 2002 dirigió su primer largometraje ¿Sabés nadar?, en el campo del cine independiente, y ante el fracaso de taquilla volvió a la TV y se dedicó a dirigir mini-series y varias piezas publicitarias. Se nota que es un director con oficio. Sabe manejar actores y situaciones dramáticas. Con Igualita a mí regresó al cine con mayor firmeza y éxito. Un film comercial que divierte y, de paso, pone a pensar al público. El año pasado filmó Dos más dos, cuya anécdota se fundamenta en el intercambio de parejas. Ha recibido críticas de distinto tenor, pero es evidente que busca la continuidad del favor del público manejando el asunto de las carencias emocionales.

La idea original de Igualita a mí es de Adrián Suer, el actor argentino en boga, con experiencia no solo en las tablas sino también como guionista y director de televisión. A partir de la situación dramática del encuentro fortuito y desconcertante entre un padre y su hija, los guionistas Juan Vera y Daniel Cúparo elaboraron una historia que tiene mucho de relato de televisión —personajes definidos en breves trazos, pocos escenarios, buena utilería, iluminación más o menos pareja— para trabajar las angustias y contradicciones de Freddy, quien va evolucionando a pesar suyo desde sus veinte años (“no quiero que esta noche acabe nunca”) hasta su madurez cuarentona (“no quiero que esta noche acabe nunca”, de nuevo) tratando de evitar el paso del tiempo. Freddy representa, además, a una generación de jóvenes argentinos de los noventa, antes de la crisis económica de los primeros años del nuevo siglo, que ha sobrevivido a gobiernos, desfalcos, devaluaciones, inflación y otras menudencias. Una generación que evidencia deterioro físico y afectivo.

La confrontación más determinante de la película de Kaplan no tiene que ver con los affaires del protagonista, sino que se ubica en un plano más personal y ético. Aylin coopera con su padre en la compra de un viejo edificio porteño donde se construirá un complejo urbano. En esa operación se pone de manifiesto la mentira como modus operandi en los negocios contemporáneos. Freddy no solo miente para seducir chicas, también para engañar incautos. Aylin lo arrincona. El otro combate afectivo lo libra con Elena, la peluquera que le pinta las canas y conoce sus secretos y debilidades.

Igualita a mí se sustenta dramáticamente sobre las actuaciones que hacen Adrián Suar de Freddy y Florencia Berlotti de Aylin. Ambos intérpretes evidencian el conocimiento de su oficio. Berlotti, por su parte, es muy conocida como protagonista de la serie televisiva Floricienta y de una docenas de seriales más. La tercera pieza del elenco se halla en Claudia Fontán, excelente actriz que de pronto revitaliza un personaje secundario y lo pone a conducir parte de la trama. Creo que al film le sobran unos quince minutos, pues pareciera no encontrar un final coherente. Pero llega a una resolución esperada.

IGUALITA A MÍ, Argentina, 2010. Dirección: Diego Kaplan. Guión: Juan Vera y Daniel Cúparo, sobre una idea de Adrián Suar. Producción: Juan Pablo Galli, Juan Bera, Alejandro Cacetta. Fotografía: Félix Monti. Montaje: Alejandro Carrillo Peni. Dirección de arte: Mercedes Alfonsín. Elenco: Florencia Bertotti, Adrián Suar, Claudia Fontán, Gabriel Chame, Ana María Castel, Juan Carlos Galván, Andrers Ciavaglia. Distribución: Amazonia Films.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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