Trino Márquez ¿PARA QUÉ SIRVE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA?

Trino 4Si algún gobierno ha elaborado planes estratégicos es el  presidido por el teniente coronel. El primero fue el de 1999, un plan de contingencia destinado a encarar la situación de emergencia que estremecía al país en aquel momento. Sus piedras angulares fueron el Plan Bolívar 2000, el Fondo Único Social (FUS) y el sistema de microfinanzas, en cuyo vértice se encontraba el Banco del Pueblo Soberano y el Banco de la Mujer. El destino del Plan Bolívar 2000 fue tan desastroso que hasta un señor tan complaciente con el Ejecutivo como Clodosvaldo Russián, se vio obligado a declarar que ese laberinto era impenetrable e inauditable.  El FUS se vio envuelto en tantas corruptelas que el gobierno decidió no volver a hablar del tema. Los bancos sobreviven deambulando por allí sin que nadie los tome en serio.


Luego vino el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2001-2006, con cinco líneas estratégicas. En sus páginas puede leerse cómo el gobierno iba a acabar con la pobreza, con la inflación, con la burocracia, con el gasto dispendioso. Esto por una parte. Del otro lado también se lee cómo el Ejecutivo impulsaría el desarrollo integral del país, una sana distribución del ingreso, se fortalecería la descentralización y se transformaría la maquinaria gubernamental en un dispositivo eficiente y perfectamente sincronizado. Es decir, en el Plan se habla de todo lo que el Gobierno dejó de hacer en ese lapso.

Más recientemente al comandante ordenó que el Ministerio de Planificación y Desarrollo elaborara el Proyecto Nacional “Simón Bolívar”, Primer Plan Socialista de la Nación (PPSN) 2007-2013, y que la Asamblea Nacional lo aprobara. Ahora no son cinco las líneas estratégicas, sino siete. Los objetivos estratégicos conservan los anteriores, con palabras distintas, y agrega otros dos, entre los cuales destaca Convertir a Venezuela en Potencia Energética Mundial, ¡nada más ni nada menos! 

Uno, cual lego en la materia, se imagina que los “planes estratégicos” sirven para anticipar los cursos normales que debe seguir la realidad de acuerdo con las proyecciones lineales, pero, sobre todo, para prever eventuales contingencias, con el fin de que los cambios súbitos o los hechos inesperados, no nos tomen de sorpresa y nos dejen totalmente desubicados.  Resulta  que para el chavismo la “planificación estratégica” sirve para todo, entre otras cosas para hacer alardes de pedantería y necedad desmedidos, pero no para anticiparse a los acontecimientos que con un mínimo de atención y previsión pueden vaticinarse. Gobernar y planificar son verbos  que en la realidad marchan disociados en la praxis chavista.

Por ejemplo, según Chávez la crisis energética y la escasez de agua que padecemos los venezolanos  son el resultado inevitable del fenómeno de “El Niño”. Sin embargo, bien visto el asunto ese fenómeno meteorológico ha afectado al planeta Tierra desde hace más de una década, y el gobierno había sido suficientemente alertado por los especialistas extranjeros y nacionales -tanto los que simpatizaban con el régimen como quienes lo enfrentaban-, acerca de que ese fenómeno tendría consecuencias catastróficas para la nación, si no se tomaban las medidas que paliaran o amortiguaran esos efectos dañinos.

El gobierno, o mejor dicho Hugo Chávez, se puso sordinas y gríngolas. No quiso oír ni ver lo que estaba ocurriendo frente a sus narices. Se desentendió de la suerte de los venezolanos. Permitió de manera irresponsable que “El Niño” causara estragos en nuestros embalses y en nuestras represas, no se ocupó de invertir en la diversificación de las fuentes de agua, ni de mantener las existentes, ni de construir nuevos reservorios para alimentar a ciudades con alta demanda como Caracas. Los millones de bolívares que debió haber gastado para ampliar y fortalecer las fuentes de energía hidroeléctrica, ahora los destina para justificar su incuria y su infinita incapacidad.

La incompetencia del comandante es tan gigantesca que deberíamos preguntarnos si no forma parte de un diseño deliberado, por demás diabólico,  probablemente trazado en el Mar de la Felicidad, para promover el desasosiego, la frustración y, finalmente, la huida del país en busca de mejores destinos. Visto desde este vértice, la actitud del Gobierno frente al auge de la delincuencia resulta demasiado sospechosa. ¿Es que los numerosos cuerpos de seguridad del Estado no le transmiten de forma fidedigna al primer mandatario lo que ocurre en los barrios, urbanizaciones, calles y fincas de Venezuela? ¿Para qué les sirve a esos organismos trabajar tanto con escenarios probables y echar mano de la planificación estratégica, si no son capaces de detener el crimen en sus numerosas modalidades? Hasta los peloteros de grandes ligas se han convertido en víctimas del hampa, la cual no planifica estratégicamente, sino que ejecuta sus fechorías de forma letal.

La “planificación estratégica” no le ha servido al teniente coronel para resolver ninguno de los graves problemas del país. Le ha ocurrido lo mismo que cuando el golpe del 92: pasó 15 años previendo cada paso de la asonada y después no pudo tomar ni siquiera La Casona. Quienes sí se han beneficiado de su método de planificación son los hermanos Castro, Evo Morales, Daniel Ortega y el resto de sus amigos del ALBA. Ellos sí han disfrutado del ingenio “estratégico” del comandante.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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