Cine LA FASCINACIÓN DEL CINEASTA OFICIAL


Al sur de la frontera
bien podría titularse Al norte de la gran farsa. En muchos intelectuales y creadores de la izquierda tradicional del mundo desarrollado existe la tendencia de observar e interpretar las regiones subdesarrolladas desde una perspectiva extremadamente simplista que poco tiene que ver con las realidades de nuestros pueblos. Sus visiones se vinculan más con la polémica política de sus propios países —ya sean los republicanos en EE UU, Le Pen en Francia o el Fondo Monetario Internacional— que con el debate de los nuestros. Recuerden las frases de Sartre defendiendo la libertad en la Unión Soviética de Stalin y luego al régimen de  Cuba y a la China de Mao Zedong. En el fondo les importa un bledo lo que suceda realmente —y no ideológicamente— a los ciudadanos de Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay y Cuba, por sólo citar los países cuyos líderes han sido objeto de los trabajos documentales de Oliver Stone, quien ha perpetrado títulos tan lamentables como Comandante, larga adulación de Fidel Castro, y Al sur de la frontera, dedicada a la revolución bolivariana de Hugo Chávez y sus socios continentales, que recién se estrena en nuestros países después de debutar —con irregulares opiniones de la crítica— en la Mostra de Venezia del año pasado. Pero todo tiene una explicación.

Cada documentalista no sólo tiene derecho a expresar su punto de vista sino que se espera que la exponga como creador que observa e interpreta la realidad desde su perspectiva subjetiva. Se supone que debe tener un criterio para analizar y exponer en imágenes y sonidos esa porción de la realidad que decidió trabajar. Eso es muy válido y deseable. Lo que no puede hacer es trampear la realidad, falsificarla, esconderla, manipularla. Cada film, en este sentido, es un reto para el cineasta consigo mismo y con la realidad. Esa premisa básica de todo buen documental no se cumple en Al sur de la frontera. Por el contrario, Stone convierte su antipatía hacia la derecha norteamericana —muy comprensible, es su derecho— y al capitalismo —en cuya industria cinematográfica ha fraguado cuantiosos éxitos— en la justificación de experiencias fracasadas como la revolución cubana —50 años de dictadura con un precario nivel de calidad de vida de sus ciudadanos— y como la revolución bolivariana de Hugo Chávez que en 11 años de gobierno ha despilfarrado los mayores recursos petroleros de nuestra historia mientras ha destruido la actividad productiva, condenado al empleo informal a 55% de la población económicamente activa y mantenido en las cárceles a presos políticos por opinar distinto al caudillo. Eso sí, el director de piezas notables como Nacido el 4 de julio y JFK pudo estrenar en Estados Unidos su mediocre W —dedicada a las patológicas filiaciones paternales de George W. Bush pero curiosamente negada a referirse a los intereses de las multinacionales del petróleo— mientras que los cineastas cubanos no oficiales no pueden producir y mucho menos estrenar en La Habana una visión crítica de Fidel o Raúl Castro. Algo que me consta, por cierto.

En la denominación cineastas oficiales se encuentra el quid de la cuestión. Se trata de los cineastas que reproducen las verdades oficiales como un deber de Estado. Conozco unos cuantos. No son los que indagan en la  realidad, confrontan opiniones, construyen visiones conflictivas, sino los que optan por el pensamiento único. En el film toda la maniquea reconstrucción histórica de la democracia venezolana es narrada por el propio Stone de acuerdo con el simplismo historiográfico del chavismo. Parece un manual de marxismo tropical de los años sesenta y setenta del siglo pasado. La voz de Stone miente una y otra vez de acuerdo con el guión de los teóricos del mismo socialismo que a finales del siglo XX presenció la caída del Muro de Berlín y el bloque soviético. Llega incluso a afirmar que el gobierno de Hugo Chávez redujo a la mitad la pobreza en Venezuela. Oh, temeridad. Ojalá fuese verdad. ¿Cual es la base documental de tal afirmación? ¿Según las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas? Por favor, no se burle de nosotros. Esto confirma que Al sur de la frontera es un film elaborado para el mercado de los países desarrollados que desconocen nuestras realidades. Allí se encuentran sus consumidores.

La estructura narrativa del documental es bastante elemental. Parte del superficial y esquemático tratamiento que buena parte de los medios norteamericanos —principalmente la televisión—  han dado a la figura de Hugo Chávez. Esta torpeza mediática permite a Stone elaborar un discurso diametralmente contrario, tan simplista como el que quiere combatir. Pretende, entonces, convertirse en el descubridor de la «verdad de Hugo Chávez» a través de una gira con el líder de «la revolución bolivariana» que le toma buena parte del metraje. La cámara de Stone se limita a seguir al caudillo con vocación totalitaria en sus encuentros con los ciudadanos afines —que todavía los tiene— o en sus reuniones de gabinete, en sus oficinas, vale decir, en los espacios oficiales. Siempre está atento a los cuentos de su «héroe» a quien escucha gracias a un traductor. Conversan en el interior del avión presidencial o a bordo de un vehículo de doble tracción.  Siempre está hablando Chávez. Nunca la cámara busca la opinión del venezolano de la calle ni se acerca a la miseria de los barrios ni indaga en las carencias de los hospitales o de las escuelas. Eso no existe. Eso no es una verdad oficial. Lo mismo ocurre cuando entrevista a Néstor y Cristina Kirshner —representantes de la más cínica corrupción argentina— o a Evo Morales —manifestación de un indigenismo dependiente del petróleo venezolano— sin contar a Fernando Lugo o Lula Da Silva, líderes de una izquierda más moderada. Incluso avala la nefasta figura de un Castro que no sabe qué hacer con la tragedia de su historia. En ninguna de estas entrevistas es posible advertir la opinión de los campesinos bolivianos o las protestas de los trabajadores argentinos o las acciones de la disidencia cubana. Tampoco pertenecen a la historia oficial. Es evidente que el cine de Stone está al servicio de los dirigentes y no de sus pueblos, para escribirlo de una forma coloquial.

Es una lástima que Oliver Stone —después de una trayectoria con títulos memorables por su calidad y otros excesivamente comerciales— se apresure a llegar al fin de su carrera cinematográfica bajo la llamada «fascinación del líder totalitario». Nada nuevo, es verdad, si recordamos El triunfo de la voluntad que Leni Riefenstahl le dedicó a su admirado Adolf Hitler en 1934. En la acera contraria encontramos La confesión de Costa Gavras en 1970,  Este y Oeste de Regis Wargnier en 1999 y La vida de los otros de Florian Graf Henckel von Donnersmarck en 2006. Los ejemplos abundan. Cada cual es responsable de sus actos.

AL SUR DE LA FRONTERA, EE UU y España, 2009. Dirección: Oliver Stone. Guión: Tariq Ali y Oliver Stone. Producción: Fernando Sulichin, Jose Ibanez, Rob Wilson. Fotografía: Carlos Marcovich y Albert Mayles. Montaje: Alexis Chávez y Elisa Bonora. Sonido: Juan Carlos Prieto. Personajes: Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor y Cristina Kirshner, Fernando Lugo, Lula da Silva, Raul Castro, Rafael Correa. Narrador: Oliver Stone.


Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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4 respuestas a Cine LA FASCINACIÓN DEL CINEASTA OFICIAL

  1. LUIS TROCONIS dijo:

    Por casualidad alguien sabe cuanto costo la produccion de esta pelicula y asi luego de dividir esa cantidad entre los 26 millones de habitantes de Venezuela poder pedir mi alicuota de los beneficios, o mejor no porque podría dar perdidas y me ensarto.

  2. leoner ramos dijo:

    No hay sorpresas para mi. El concepto de publicidad dice que ella es » todo tipo de mensaje transmitido por un medio determinado de comunicación, en beneficio del anunciante». Y eso es publicidad, ¿no? No se por qué ustedes lo consideran cine. Es un spot propagandístico fundamentado en un guión de publicidad redaccional. Así le llaman. Pasemos a los sustancial.

  3. Miriam Freilich dijo:

    No sòlo es un spotpropagandístico , Un vil publi-reportaje. Es amoral que un cineasta presuntamente crìtico se deje comprar. Me parece que este artìculo de Alfonso debe llegar a todos los cineastas serios del mundo para que al tarifado se le caiga la màscara. Ahora dudo de la honestidad en sus anteriores pelìculas.

  4. Juan Pacheco dijo:

    Miriam, tiene razon, es un vil-publi-reportaje, panfleto poltico propagandistico. Vivo aqui en Los Angeles, y voy a hacer que esta critica de Alfonso pueda llegar a los cineastas, medios especializados en cine y otras estrategias que no voy a nombrar por cualquier espia que ande por aqui.
    Mis dos lochas para que otros cineastas vean, lean o sepan como Stone se dejo comprar por un mentiroso dictador bananero con petro y narco dolares.

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