Leonardo Rodríguez PARA UNA BARBERÍA SIN NOMBRE

Hay quien dictamina, tal vez de forma doctrinaria, una vocación de contador de historias en el barbero, convertido sin más en personaje platónico. ¿Es cierto, duda uno, que tienen siempre inclinación por la anécdota, “esa forma de conocimiento”, Paul Auster dixit? Podría, sin duda, contar una de mis vidas en base a lo que pasaba por mi cabeza frente a los espejos casi alquímicos de las barberías. Mi hermano y yo fuimos clientes de un barbero taciturno, poco dado a relatar su vida y mucho menos la de los demás. Las visitas estaban regidas por largos silencios, por el stream of consciousness de alguna emisora radial cumanesa y por la perorata apolítica del ventilador. Atendía en un local de techo y puertas altas, casi siempre vacío, muy cerca de nuestra casa. Había y hay en Cumaná barberos al aire libre, pero el nuestro era un hombre no de intemperie sino de sombra.

Al principio —recelosa del arbitrio de semejante demiurgo— íbamos custodiados por nuestra madre. Luego nos dijo sin decir, acaso a instancia nuestra: “Arréglenselas por su cuenta”. Lo hicimos, mamá, lo hicimos. Llegado nuestro turno, mi hermano y yo nos mofábamos el uno del otro frente al espejo. Aprovechando el profundo ensimismamiento del barbero —los barberos, como los fantasmas, no se miran en el espejo— poníamos caras, hacíamos muecas, nos comunicábamos a través del espejo, como si el solemne recinto invitara a la más irreprimible payasada.

¿No cambian los barberos y peluqueros con los lugares? ¿Son todos iguales en todas partes? Por experiencia sé que un peluquero o barbero de Londres no es igual a uno de Madrid o de Caracas. Hay, sí, peluqueros iguales, a veces unos más iguales que otros. Lo mismo ocurre entre escritores o arquitectos. Pululan también escuelas, tendencias, artistas de tradición y talento individual, críticos, pensadores y, last but not least, público, clientes. El hairdresser londinense, por ejemplo, es siempre un especialista, conoce e inventa los últimos estilos, venera la excentricidad y respeta tanto la complejidad capilar de su cliente que a veces no se atreve a tocarlo. Al yo decidir la drástica reducción de mi morosa cabellera y pedir sus servicios, un estilista jamaiquino de Brixton, al sur de Londres, exclamó con desconcierto, iba a decir religioso: I cannot touch it, mate! I cannot touch it! Claro que no todos tienen tanto sentido de lo sagrado o de la superstición. Para ejercitarse en su arte, muchos estilistas jóvenes de Londres ofrecen gratis sus servicios.

El poeta Alfredo Silva Estrada, tan cuidadoso con su poesía como con su cabellera, me contó la historia o más bien las frases de un barbero napolitano en Caracas. Desde Rossini, todos los barberos italianos cantan. ¿O son los de Sevilla? Existe, en todo caso, una tradición operática en ciertas barberías de Caracas. El estilista de Silva Estrada, empero, no sólo sabía cantar sino pensar: era un barbero filosófico, iba a decir libertino. Alfredo recordaba cada vez que podía cierto epigrama suyo, toda una receta para la felicidad: “Il cuore caldo, il vino rosso, il cazzo duro e la fica stretta”.  (En venezolano florentino: “El corazón cálido, el vino tinto, la verga dura y la cuca estrecha”.) A veces me pregunto si el poeta de De bichos exaltado no inventó ese barbero.

En las barberías he encontrado editoriales políticas, simposios filosóficos, aforismos, silencios místicos (“místico” en el sentido venezolano de “enrollado”), teatro y canciones, también anécdotas. Y es que sin duda los peluqueros tienen muchas formas de conocimiento estético. Un ejemplo a seguir.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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