Cine SOBRE AGALLAS Y CÓMPLICES

Parece que el western nunca muere. Hace veinte años Clint Eastwood lo revivió en Los imperdonables, la gran triunfadora del Oscar de 1992. Pero luego volvió a caer en el olvido. Esto no quiere decir que no se hayan filmado películas del Oeste sino que no han obtenido una mayor dimensión. Allí están por ejemplo, las muy interesantes El asesinato de Jesse James por  el cobarde Robert Ford (2007), de Andrew Dominik, o Appaloosa (2008) de Ed Harris, nunca estrenadas comercialmente en Venezuela, o la fallida Australia (2008) de Baz Luhrmann. Hasta que Ethan y Joel Coen, un par de cineastas judíos que han hecho historia en el cine contemporáneo, decidieron rescatar una vieja película de 1969 dirigida por el veterano Henry Hathaway que le brindó la oportunidad de ganar el premio de la Academia a John Wayne. Aquella Temple de acero revive ahora en una versión más apegada a la novela True grit, de Charles Portis, que la inspiró. Pero lo que subyace es el mismo homenaje a la solidaridad y la amistad entre un viejo comisario borracho y tuerto y una emprendedora chica que busca vengar la muerte de su padre. Para nadie constituyen un secreto sus diez postulaciones del Oscar.

La trama se desarrolla en Arkansas, años setenta del siglo XIX, en las cercanías de Fort Smith. Mattie Ross es una chica de catorce años que contrata por cincuenta dólares a Reuben “Gallo” Cogburn, un viejo y disminuido agente federal con algunos muertos a su espalda, para capturar a Tom Chaney, el torpe asesino de su padre. El pistolero y la muchacha  se internan en territorio indio acompañados por LeBoeuf, un ranger de Texas, que busca cobrar la recompensa que ofrecen por otro asesinato. La incómoda relación de conveniencia que se establece entre los tres evoluciona a medida que se acercan a su presa. El centro del guión se ubica en la relación entre el viejo y la chiquilla y, de manera secundaria, entre ambos y el ranger. Este vínculo desigual es lo que permite a los Coen elaborar un film que se mueve entre la acción y la comedia, por una parte, y que resalta los valores morales que prevalecieron en la construcción del capitalismo en el lado oeste de EEUU.

La gran diferencia de este remake se encuentra en el desplazamiento del interés del personaje de Cogburn, como sucedía en la película de Hathaway, hacia el de Mattie Ross. Con ella comienza la historia y con ella termina, estableciendo una voz en off que le otorga el carácter de relato en primera persona. Los Coen —y los espectadores— caen seducidos por la fuerza de su personalidad. La gran emprendedora que simboliza el aporte al crecimiento de Estados Unidos como potencia mundial. Cogburn es más pintoresco y LeBoeuf es simplemente un catalizador del humor.

La verdad es que Temple de acero parece una exploración humorística de los Coen, más cercana a Quémese después de leerlo (2008), Ladykillers (2004). O brother! (2000) o El gran Lebowski (1998), comedias cargadas de  mucha ironía y concebidas como un divertimento entre amigos: Brad Pitt, George Clooney, Tom Hanks, en tre otros. Confieso que soy un admirador parcial de estos hermanos que cada año son noticia. Prefiero sus dramas como El hombre que nunca estuvo allí (2001), Fargo (1996) o Barton Fink (1991) y poco me gustó No hay lugar para los débiles (2007), llena de efectismos mas no de planteamientos. Su True grit (“verdaderas agallas”) más que un remake del film de Hathaway se presenta como una interpretación muy personal de una historia de venganza y asesinatos, de lado y lado, producida con mucho talento y con una narrativa impecable, aunque bastante convencional. De hecho, se trata de la película más comercial de los Coen y si logra alguno de los premios de la Academia se disparará su preferencia en el público.

Creo que no es la mejor película que compite en este edición del Oscar, pero reconozco sus valores cinematográficos, en especial la fotografía del británico Roger Deakins, muy bien adaptada a las amplias llanuras del género,  y las  muy convincentes actuaciones de Halle Steinfield como Mattie Ross, Jeff Bridges como “Gallo” Cogburn y Matt Damon como el simpático LaBoeuf.

TEMPLE DE ACERO (“True grit”), EEUU, 2010. Dirección y guión: Ethan y Joel Coen, según la novela “True Grit” de Charles Portis. Producción: Ethan y Joel Coen y Scott Rudin. Fotografía:Roger Deakins. Montaje: Roderick Jaynes. Música: Carter Burwell. Dirección de arte: Jess Gonchor. Intérpretes: Jeff Bridges, Hailee Steinfeld, Matt Damon, Josh Brolin, Barry Pepper. Distribución: UIP.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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