Naky Soto EL GRAN DEBATE

Tenía mucho tiempo que no sintonizaba ese canal. Los cinco minutos previos al debate me reforzaron el porqué. Pero una vez arrancado el encuentro, gracias al gris desempeño del presentador, llegué a creer que Viviana Gibelli lo hubiese hecho mucho mejor. Con voz engolada y una pose acorde con las dimensiones (y el diseño) del estudio, hizo las presentaciones de rigor y explicó la dinámica del sorteo electrónico de duplas candidato-periodista, la misma que repitió unas 350 veces más a lo largo de las dos horas que duró el programa.

Una vez más, no fue un debate, vale, pero fue un ejercicio democrático que contrasta de manera audaz con las sopotocientas transmisiones en cadena por la Celac, que nació en un cuartel, con el ánimo de un “Aló, PopStar” con invitados internacionales, lo que supuso tras cada intervención, que el anfitrión con chequera de Fondo Chino, comentara, reforzara, aprobara o recondujera las palabras del resto de los presidentes. Democracia versus imposición.

Los descansos sirvieron para comprobar la baja inversión que en publicidad están haciendo nuestras marcas de zapatos: todo el dinero se va en pagar la pauta, pero las cuñas deben ser regaladas, o los dueños son sensibles a ser estafados. Cada vez que el presentador dijo Tuirer y Jastá, murió un caimán del Orinoco.

Hubo preguntas realmente cómodas, diseñadas para los puntos más fuertes de campaña de cada candidato, no todos aprovecharon esas oportunidades, pero asistimos a un ejercicio de exposición de ideas en el que todos respetaron a sus contendientes a las primarias de oposición. Esta es la ruta: pluralidad, unidad, contraste, respeto, consenso: la ruta hacia un candidato único. Paso a analizar a cada uno de los pre candidatos.

De mayor a menor

Henrique Capriles

Mejoró sustancialmente su desempeño con respecto al debate anterior. Más asertivo, mantuvo en sus respuestas tres mensajes clave importantes: la educación es la clave para progresar; posee una carrera y una gestión ascendente que comprueban su capacidad de gerencia con logros para demostrarlo y un equipo de trabajo que le acompaña.

Probablemente su respuesta memorable sea: “No es tarea de un Presidente juzgar a nadie, mi tarea será gobernar para solucionar los problemas del pueblo”; aunque igual sumaría que realizó la mejor respuesta a la pregunta final: ¿por qué quiere ser Presidente? “Yo he sido el alcalde, el gobernador y quiero ser el Presidente de todos. Sí se puede construir un país donde tengamos oportunidades para todos”

María Corina Machado

Colocó de manera más precisa las fortalezas de su visión y proyecto. Con ella es notable la firmeza de un entrenador(a) que demanda en simultáneo la construcción de mensajes de estadista con cifras que impacten, que sirvan de titulares; el sostenimiento de la sonrisa como garante de empatía y el endulzamiento de la voz cuando coloca mensajes de contenido emocional.

Sus mensajes clave fueron contra Chávez. Dijo varias veces que la prioridad es derrotarlo. Su mejor respuesta: versus el 52% que apoya al socialismo según el estudio de opinión del Centro Gumilla, hay un 42% que cree en el capitalismo, que entiende el potencial de una economía de libre de mercado, con un Estado que trabaje sostenidamente con el sector privado; así como su disposición a cambios básicos en nuestro sistema institucional que eliminen la reelección, que garanticen la alternabilidad democrática y que nos mantengan en unidad.

Leopoldo López

Menos nervioso y más sonriente, hizo el esfuerzo por colocar algunas anécdotas al estilo de la narración emocional que tanto provecho ha sabido sacarle el PopStar. Obviamente en 60 segundos es difícil hacerlo bien, y por eso la referencia a la leche de Manuela que Lilian le ha dicho que no consigue, la del amigo de su equipo que murió en sus brazos y la carne importada de Nicaragua son recordables pero no memorables; les faltó más emoción. La mención continua del nombre de su partido (gracias al guión de cuña Indiana Jones) y el exceso del mensaje clave de la seguridad como prioridad, tampoco ayudaron. Tuvo dos oportunidades estelares que no aprovechó: ¿qué rol le daría al resto de sus candidatos en un gobierno suyo?, y, ¿cómo gobernaría con todas las instituciones en contra? En la primera pudo reforzar el criterio de unidad y sólo desafió a Capriles al asignarle el Ministerio de Educación. Y lo de las instituciones daba para ¡tantoooo!

Pero colocó buenos mensajes: regresar a sus dueños originales todas las propiedades confiscadas o expropiadas; la necesidad de fortalecer el sector productivo desde el emprendimiento; la promesa de mantener las políticas de este gobierno que funcionen pero reconociendo que no comparte la evaluación que sobre el sistema de salud se ha hecho. Él, afirma, será el Presidente de la seguridad.

Pablo Pérez

Fue el que más bajó, con respecto al desempeño en el debate anterior. En la Ucab fue preciso, ajustado a reloj, optimista. Aquí, el resumen de su rol lo hizo un tuitero, en mi criterio el mejor tuit de la noche: “@Kenbei: Pablo Pérez es como Buzz Lightyear antes de darse cuenta de que era un juguete”. Ese fue el problema. Mensajes de eslogan. Guiones de cuña. El padrote. El optimista a juro. El único que habló de sí mismo en tercera persona. De gestualidad muy ensayada, artificial. Se volvió un ocho con el argumento de los medios de comunicación, que era una línea para batear un hit. Los mensajes emocionales eran baratos: la Venezuela del abrazo, la Venezuela de la sonrisa, la de la unión, daba para una gaita pues: ¡dame un abrazo, dame un abrazo, vamos a Primarias y voy a ser el candidato!

Sus mensajes mejor colocados: “La corrupción es el enemigo que tenemos en Venezuela, como la corrupción, la inseguridad y el desempleo, esos son los verdaderos enemigos”. “Acabaremos con Aló, Presidente y será Adiós, Presidente”. PDVSA tiene que ser de todos los venezolanos: no la privatizaremos. Aumentaremos la producción a 4MM de barriles diarios. Garantizaremos con la industria las pensiones del Seguro Social”.

Diego Arria

Tendré que recoger mis palabras del debate anterior. Esta vez sí actuó como un candidato. Alineado, respondiendo las preguntas, reforzando su rol antagónico contra Chávez, apuntando a los radicales de oposición, los que lo quieren muerto o preso o ciego, o todo junto como una buena protagonista de telenovela criolla. Esta vez no brilló, ya la particularidad de su agenda no es novedad. Habló de todos sus roles, los que le hacen curricularmente estelar. Por ello la pregunta de ser relacionado con el pasado era un puente maravilloso que no cruzó, desviándose a una respuesta poco concluyente.

Su mensaje clave: él es el candidato para un gobierno de transición, de tres años, que convoque a una Asamblea Nacional Constituyente que geste el piso institucional necesario para una nación más democrática. El titular: “El convenio con China es una hipoteca para Venezuela”.

Pablo Medina

Polvo cósmico. El ruego que como Secretario General del PPT hiciera en el 98 para que no apoyasen la candidatura de Chávez porque sabía que era un dictador. El proyecto de ley de mantenimiento del sistema eléctrico que entregó en 1999 y fue engavetado. La solución al problema de la luz enlazada con las muertes de Danilo Anderson, los hermanos Fadoul y los presos políticos. Felicitaciones a la sociedad civil por el cacerolazo contra la Celac. Nadie pudo hacerlo peor que Medina. Sólo el presentador.

Quiso copiar el modelo comunicacional de Arria en el debate anterior para colocar “su” agenda; salvo que, Arria es mucho mejor vocero, el ejercicio fue un desastre y él lo sabe. Sus respuestas fueron inconexas, el vigor del arengador sindical no llegó, dejando sólo a un hombre demasiado molesto en muy poco tiempo para entrar en rol. ¡Pablo, vamos sin ti!

@Naky

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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