Prometeo deportado EL DRAMA DEL INMIGRANTE, por Alfonso Molina

Prometeo deportado 3

Parece una comedia pero es un drama. Se presenta como un problema ecuatoriano pero en realidad es universal. Al principio parece que no pasa nada y luego sucede de todo, hasta lo más insólito. Los seres humanos emigran básicamente por razones sociales y económicas del país de origen en busca de mejores condiciones de vida y trabajo, pero también constituyen un problema para los países que los reciben, usualmente de mayor estabilidad económica. En este marco, el cineasta ecuatoriano Fernando Mieles optó por registrar e interpretar el drama de sus conciudadanos a través de una situación que raya en el absurdo en Prometeo deportado, título derivado de la tragedia griega de Esquilo Prometeo encadenado, el titán que roba el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres. En un aeropuerto de la Unión Europea nunca identificado, un grupo de pasajeros ecuatorianos es conducido a una sala aparte, donde se van sumando a otros grupos de inmigrantes hasta conformar una microsociedad que reproduce las conductas y motivaciones de su país. Entre el grupo se encuentran Afrodita, quien dice ser norteamericana y niega ser ecuatoriana, y Wilson Prometeo, un joven con las manos encadenadas y un baúl de magia como equipaje, quien dice ser “el mejor mago, escapista y prestidigitador”. Ambos personajes destacan en esta obra coral que transcurre íntegramente en el interior de la terminal aérea. Curioso film que sorprende con su final.

Formado en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, el guayaquileño Mieles elaboró su primer largometraje a partir de una experiencia personal cuando fue deportado del madrileño aeropuerto de Barajas al habanero aeropuerto José Martí en 1993. Su visión se centra en las distintas e insólitas experiencias de sus compatriotas en esa sala de retención, aislados y olvidados en un país desconocido cuyas autoridades primero los detienen y luego los ignoran… salvo para imponer el orden. Lo único que quiere cada uno de ellos, por diferentes razones, es no ser deportados de regreso a sus realidades. Una representación variopinta de personajes, desde el escritor en busca de inspiración hasta el tahúr que provecha la situación, desde el burgués devaluado al nadador olímpico, desde la chica que dice ser modelo aunque se dedique a la prostitución hasta el mejor escapista que no puede desatar las esposas que unen sus manos, desde la señora de clase media que pierde la memoria hasta el hombre que logra escapar del retén para encontrarse en una terminal aérea que parece una cárcel mayor. Son doce personajes atrapados, sin salida realista, que optan por el absurdo.

La primer parte de Prometeo deportado trascurre de manera lineal, casi de forma anecdótica y sin verdaderos conflictos. Mieles va presentando a cada personaje y teje una red de relaciones entre ellos. Elabora, por así decirlo, el paisaje de los náufragos en una isla rodeada por las instalaciones de un aeropuerto, con un ritmo lento, algunas diálogos aparentemente inofensivos y algunos silencios elocuentes. Más o menos hacia la mitad, el film da un giro hacia distintos nudos de conflicto que transforman la historia de convivencia en una manifestación infernal del reconocimiento mutuo. Este nuevo rumbo transforma completamente la trama y le otorga una mayor dimensión expresiva, menos realista pero muy efectiva como lenguaje. La rebelión es inevitable pero inútil. Las razones de la emigración no se hallan en esa sala de retención —allí solo están las víctimas— sino en el país de origen. Lo que Mieles plantea es el reconocimiento de cada cual y de su realidad. Es decir, Ecuador y los ecuatorianos. Aunque también podríamos aplicar esa visión a muchos países del orbe.

Este primer largo de Mieles expresa un punto de vista sobre realidades colectivas habitadas por individuos sin incurrir en el estereotipo o los clichés políticos. Cuando comenzó a escribir el guión —en 2000— la situación política y económica de su país era muy inestable. Cuando lo rodó —en 2008— ya existía el gobierno de Rafael Correa y coincidió con la rebelión policial que fue sometida prontamente. Afortunadamente no pretendió formular líneas políticas. Los problemas siguen siendo los mismos, solo se desplazan en el tiempo. Esperemos una próxima película de este realizador ecuatoriano.

PROMETEO DEPORTADO, Ecuador, Venezuela, 2010. Dirección y guion: Fernando Mieles. Producción: Oderay Game. Producción Ejecutiva: Oderay Game y Martín Schwartz. Producido por: Other Eye Films. Fotografía: Diego Falcón. Diseño de Producción: Bárbara Enriquez. Montaje: Iván Mora Manzano. Sonido: Juan José Luzuriaga. Música: Manuel Larrea. Vestuario: Sergio Guimaraes. Elenco: Carlos Gallegos, Ximena Mieles, Raymundo Zambrano, Peky Andino, Juana Guarderas, Lucho Mueckay, Andrés Crespo, Penelope Lauret, Alejandro Fajardo. Distribución: Gran Cine.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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