Alicia Freilich LO BUENO Y LO MALO DE LO DUPLICADO

En la vida diaria y el arte a veces lo duplicado resulta mejor. Medianoche en París, de Woody Allen, novela fílmica que cruza un París imaginario con su ciudad natal, supera en hondura literaria y musical a su ya clásico Manhattan in situ. Y el joven narrador venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, autor de Blue Lebel, en su reciente Transilvania implugged, encara con mayor intensidad el autoexilio desenchufado. Los cuadernos del destierro (1960) de Rafael Cadenas, hoy releído, se torna actual primera edición. La lejanía refuerza, lo distante mucho acerca.

Pero en política, repetir suele ser fatal. Mi hermana Miriam me llamó delirante cuando allá por la década de los sesenta, en una taguara de Tel Aviv, le señalo que frente a nosotras almuerza el legendario general Moshé Dayán. Ella insiste, un parche óptico es frecuente en este país de guerras. Simulo que busco algo en la barra, me acerco y compruebo que es él, común y corriente, de mediana estatura, calvo, macizo pero atlético, en mangas de camisa, sin escolta ni medallas. Un chofer sin uniforme lo espera en un viejo Jeep donde radian por todo lo alto el partido de fútbol local.

Hace días regresaron el oro, parte de la reserva nacional protegida por décadas en Londres y todo un equipo blindado hizo un gran desfile por avenidas de nuestra capital bajo consignas heroicas. En estas Segundas Semanas de la Patria de sello dictatorial pérezjimenista, quedó más clara la diferencia entre lo militar y el militarismo.

En demoracia un soldado es el civil de diverso origen social que escoge un oficio apolítico de herramientas bélicas para proteger y defender a su país en caso de agresión foránea o de emergencia nacional que requiera salvamento. Cumplida su misión se reintegran con uso, derecho y deber ciudadanos. El militarista es un reo, propiedad del mandamás de turno, reclutado en los sectores más carentes para otorgarle el privilegio de ser el único “pueblo” válido que compensa su marginalidad y/o resentimiento sociocultural en la disciplina castrense ofensiva, de carrera o milicia. Se le borran sus raíces cívicas de individuo libre y de igualdad ante la ley republicana. Menos, la nueva constitucional venezolana que le da derecho a elegir. botas con votos para una élite hoy sumisa que activa la violencia fratricida. ¿Se fue a pique la estrategia de Rómulo al combatir y sujetar el tradicional caudillismo imponiendo el liderazgo civil?

En Norteamérica y otras naciones los militares pueden votar pero su elección no es categórica porque las grandes decisiones se toman en consenso bien planificado con el poder civil. Aquí la historia de los uniformados ha sido diferente y en especial ahora, si el ejército puede votar es activo partidario de una tolda, de facto es un militante, aunque en teoría no le permitan expresarlo verbalmente.

Materia pendiente para clases elementales de primaria que forman ciudadanos. Pero, en medio del fragor electoral permanente, se olvida este factor contradictorio.

Al recuperar el civilismo, será básico mostrar epopeya bélica junto al abc analizado de la historia militar y revisar esta novedad constitucional para una posible enmienda. Elemento central para el logro de una mínima estabilidad democrática. Y será una segunda vez de civilidad plena.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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