La nueva industria del secuestro HAMPA PRÓSPERA Y VÍCTIMAS AGRADECIDAS, por Gerver Torres

“Quisiera agradecer el trato noble de mis captores, y que me hayan devuelto vivo”. Esto declaró el diplomático costarricense recientemente secuestrado en Caracas, apenas recuperada su libertad. La expresión de alivio y hasta de alegría del diplomático resume bien el nuevo estándar de las aspiraciones de quienes habitan el país: salir vivo y físicamente ileso de los cada vez más frecuentes encuentros con el hampa. Amanecer vivo; así se podría resumir. La industria del secuestro está haciendo progresos tan notables en Venezuela que ya hasta mide la satisfacción de los que son victimas de sus servicios. A dos amigos recién secuestrados, sus raptores les preguntaron su opinión sobre la calidad de la operación conducida y el trato que habían recibido. Luego de escuchar la opinión de las victimas, los secuestradores alardearon sobre el carácter profesional con el que ejecutan su trabajo. Están contentos, satisfechos con lo que hacen y de cómo lo hacen. Están boyantes.

La prosperidad de la industria del crimen en el país es tal, que no debe faltar mucho para que el hampa venezolana monte un sistema de encuestas telefónicas a sus victimas, para indagar sobre la calidad de su experiencia y ofrecer mejoras en la ejecución de las operaciones futuras. No debe faltar mucho para que convoquen seminarios donde discutan sobre innovaciones y otros temas relevantes de su industria.

Los riesgos de delinquir se han reducido de tal manera en Venezuela que, por ejemplo, a la gente que secuestran ya no se molestan en esconderla ni llevarla muy lejos del lugar donde la capturan. Tampoco tienen problemas los raptores en realizar complejas negociaciones con cualquier representante que el secuestrado elija. Hay casos en los cuales liberan al secuestrado para que él mismo procure los recursos que debe cancelar a sus raptores. No temen ser denunciados porque saben bien del estado de indefensión y de terror en que están los ciudadanos. No sería de extrañar que comiencen a dar facilidades para pagar con tarjeta de crédito, y otorguen crédito a largo plazo. Funcionan cada vez más en un clima de confianza y libertad. La confianza y la libertad que ha ido perdiendo el ciudadano común, la ha ido ganando el hampa. La confianza que necesita la inversión privada para materializarse y crear empleos, hoy solo la tiene el hampa en Venezuela.

gerver@liderazgoyvision.org

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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