La novia del gigante PARÁBOLA DEL TOTALITARISMO, por Alfonso Molina

El fascismo acosa en todos lo espacios de la vida. Fotografía de Nicolla Rocco.

Un mismo escenario, dos vía de salida, varias sillas y una repisa —donde destacan objetos significativos— conforman el entorno del encuentro de tres hombres muy disimiles en torno de la histórica visita de Adolfo Hitler a la Italia dominada por Benito Musollini. Tres personajes que encarnan la brutalidad del militarismo fascista, la culpa y la esperanza de una Iglesia que ya sabe lo que es el autoritarismo y la acosada conciencia intelectual y liberal de la academia. Acción, fe y pensamiento reunidos en Florencia, en un momento crucial en Europa, abril de 1938, previo a la expansión nazi y del comienzo de la II Guerra Mundial en 1939 y de la entrada en la guerra del régimen fascista en 1940. Antes de decretarse el horror, ya el horror existía, latente y presto para arrojarse sobre el mundo. El prolífico actor, dramaturgo y director venezolano Luigi Sciamanna vuelve a sus raíces italianas en La novia del gigante para construir una parábola universal del totalitarismo que se concentra en aquel periodo histórico para alertar sobre las nuevas experiencias que pretenden dominar todos los espacios de la vida. El resultado es una obra de gran intensidad dramática, bien construida, muy bien interpretada y dirigida de manera desgarradora.

Esos tres hombres que conversan y toman café con galletas —elaboradas por Lidia Montalcini, judía—  son el profesor Innocenti, director de la Academia, el Cardenal de Florencia, Dalla Chiesa, al frente de la Catedral de Santa María del Fiore, y el impositivo comandante Talo, quien coordina la visita conjunta del Führer y el Duce a la capital de Toscana y a la Galería de la Academia, donde se encuentra el David de Miguel Ángel, símbolo de la grandeza del Renacimiento y de las artes italianas… aunque tenga un nombre hebreo. Esa escultura de más de cinco metro de altura, también conocida como el gigante, representa el genio de un artista universal. Expresa de manera determinante la fuerza creativa del individuo. Esa conversación inicial establece la dirección dramática de la pieza y presenta tres posiciones sobre la condición judía de la señora  Montalcini, viuda y empleada en la Academia y espontánea cuidadora del gigante.

Las vertientes que se desarrollan a partir de este punto inicial edifican a través de diálogos de gran fuerza las interacciones separadas de sus personajes —el señor Innocenti y el Cardenal, el Cardenal y el comandante Talo y el comandante Talo y el señor Innocenti—hasta la aparición de la propia señora Montalcini, quien no solo defiende su trabajo en el museo florentino sino, sobre todo, su derecho a ser tan italiana como cualquiera y ser judía como expresión de fe y cultura. Se añade un nuevo personaje, el médico, que define el método de dominación más allá del militarismo.

La puesta en escena de Sciamanna descansa sobre dos pilares muy sólidos. En primer lugar, un texto muy bien urdido donde cada personaje y cada elemento dramático se articula de manera muy coherente. Los cuatro personajes masculinos constituyen representaciones del militarismo, la iglesia, el pensamiento y la ciencia al servicio del poder. El comandante expresa el afán de dominación eterna mientras el Cardenal mantiene la esperanza de la redención. En cambio, el profesor Innocenti expone el sacrificio de las ideas en la hoguera totalitaria, al tiempo que el médico reproduce la frialdad del ejecutor de conciencias. El único personaje que no se construye como una representación es Lidia Montalcini, acosada por su condición de judía, objeto de la persecución o la defensa, según se mire, incomprendida por la Iglesia, subestimada por la ciencia. Se permite la fantasía gozosa de confundir al David con el espectro de su esposo. Hay un diálogo de gran carga significativa entre el Cardenal Dalla Chiesa y la viuda sobre el derecho a la individualidad en un mundo sometido por el colectivismo y donde la condición judía adquiere un derecho muy particular. El mismo colectivismo que pretende reducir la magnificencia del David de Miguel Ángel a una mera creación del pueblo italiano.

En segundo término, La novia del gigante descansa sobre un trabajo interpretativo muy sólido. María Fernanda Ferro, Antonio Delli, Armando Cabrera, Elio Pietrinni, Gerardo Soto y, en un minúsculo papel, Juan Carlos Martínez, conducen sus personajes con conocimiento de sus motivaciones. Actriz y actores que dominan sus roles y les extraen sus significaciones más humanas. Todos están sobresalientes. Se aprecia el trabajo de un actor dirigiendo a sus pares.

¿Qué se puede reprochar a La novia del gigante? Su excesiva duración. Algunas de sus escenas ganarían con una mayor síntesis. El examen médico a la señora Montalcini, por ejemplo. Ya en los minutos iniciales Gerardo Soto y María Fernanda Ferro definen plenamente el carácter agresivo de la escena. No hacía falta extender esa especie de interrogatorio- examen.

El otro punto de reproche nada tiene que ver con el texto, las actuaciones y la puesta en escena de La novia del gigante. Se trata de las sillas del Espacio Plural, cuya incomodidad atenta contra la debida atención que exige la pieza. Es un comentario generalizado en el público fiel de ese espacio escénico donde siempre brilla la calidad creativa. Y es injusto con las obras que allí se presentan.

LA NOVIA DEL GIGANTE. Libreto, producción y puesta en escena: Luigi Sciamanna. Música: Pietro Mascagni, Gustav Mahler y Giuseppe Verdi. Vestuario: Raquel Ríos. Elenco: María Fernanda Ferro (Lidia Montalcini), Antonio Delli Comandante Talo), Armando Cabrera (Cardenal Dalla Chiesa, Gerardo Soto (el médico), Elio Pietrinni y Juan Carlos Martínez (él). Espacio Plural del Trasnocho Cultural. Viernes y sábado a las 9:00 pm y domingo a las 7:00 pm.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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