La pura mentira UNA LECCIÓN SOBRE LA MENTIRA Y LA VERDAD, por Pablo Gamba

La pura mentira podría haber sido la tan temida película de la Villa del Cine contra los medios de comunicación social, al igual que Comando X fue una comiquita de la oposición inspirada en The Warriors de Walter Hill (1979). El tema es aquí los reality shows de la TV, a través de una historia que sigue un trillado modelo aleccionador: una muchacha que posee un don se deja arrastrar por la ambición, hasta que se produce su caída y aprende la lección.

La moraleja es una crítica de la televisión como negocio, para la cual la diferencia entre la mentira y la verdad se diluye en el afán de aumentar el rating, sin importar las consecuencias que eso pueda tener para el país, para el público y para los que trabajan en un canal. En lo que respecta a otras mentiras, se incurre en el lugar común de atribuirlas a los políticos. Es obvio en percibir en esto el interés por encontrar un ángulo que permita poner en el banquillo a los medios, sin caer en la calle ciega del enfrentamiento entre el gobierno y la oposición. Eso en alguna medida se logró, y es el mérito que pudiera encontrársele a La pura mentira.

Pero para poder comunicar ese mensaje había que hacer una película que se sostenga, y no es el caso aquí. La torpeza del guión de José Montero, a pesar de los arreglos de Henry Herrera, impide hallar placer en la historia. En primer lugar, por lo evidente que resulta la intervención de la voluntad de los escritores para que las cosas ocurran, en vez de lograr que unas se desprendan naturalmente de otras. Se percibe especialmente en el recurso del escamoteo: el espectador tendrá rato preguntándose por cosas que desparecieron de la historia, y cuando regresan, hacia el final, se dará cuenta de que simplemente se las escondieron a propósito.

Si el personaje principal tiene un don sobrenatural, lógico habría sido que la historia desarrollara las posibilidades que eso ofrece, además. Pero la capacidad de percibir la mentira de Juana García pasa a convertirse en poco más que un simple dato que permanece en la memoria de los espectadores. Un clásico del cine de los países socialistas, Un día un gato, dirigida por Vojtech Jasny(Az prijde kocour, 1963), trata de un gato que hace que las personas se vean como realmente son, y buena parte de la gracia de esa película de Checoslovaquia está en disfrutar de cómo la gente se pone de un color o de otro, aparte de la crítica de la hipocresía de los políticos. Si se tiene magia entre las manos, hay que usarla.

Es desconcertante por añadidura el contraste de un discurso aparentemente progresista, que incluye desde aceptar el hábito de fumar hasta chistes ateos sobre la religión, además de la crítica de los medios, con el machismo y el oscuro facilismo del burlarse de un personaje tartamudo. Choca en particular el lugar común de la lucha de mujer contra mujer a fuerza de golpes bajos, y un par de escenas puestas para mostrar que Mariaca Semprún está buena.

También es difícil de entender la manera de dirigir de Carlos Malavé. Por una parte exhibe ingenio al crear las pantallas divididas y al hacer un movimiento de cámara de interior a exterior, entre otros posibles ejemplos. Pero eso está acompañado de una total falta de gracia en la iluminación, el uso del color y la dirección de arte, y hay partes en las que la película pareciera no tener música sino hilo musical. Eso ni siquiera se sostiene como búsqueda deliberada de lo feo por su incoherencia con los detalles de virtuosismo. La combinación de lo bueno y lo muy malo, además de ser irritante, impide concentrarse en la historia.

Si con La pura mentira la Villa del Cine quiso educar y hacer reflexionar al público a través de una historia con moraleja, lo cual es válido en el cine y es parte de su función como institución, el éxito de una lección también depende del talento y del carisma del maestro. Si eso falta, los alumnos se duermen en el salón, o se jubilan y no asisten más a clases.

LA PURA MENTIRA

Venezuela, 2012

Dirección: Carlos Daniel Malavé. Guión: José Montero, adaptado por Henry Herrera. Producción: Gabriela Velásquez. Fotografía: José A. Pantin. Montaje: Carlos Mendoza. Sonido: Héctor Hernández. Postproducción de sonido: Gregorio Gómez. Música: Yoncarlos Medina. Elenco: Mariaca Semprún, Ernesto Caldazilla, Gigi Zanchetta, Jesús Cervó, Guillermo Canache, María Fernanda León, Esperanza Magaz, Catherina Cardozo, Julio Alcázar.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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